Equilibrio y desestabilización

Gilles Jobin inicia su espectáculo A + B = X con un ejercicio de equilibrio: tres cuerpos invertidos apoyados sobre las nucas mostrando al público la espalda y el culo. Un equilibrio tenso que consigue mostrarse ante el público como natural, inventando una nueva naturalidad, donde los sexos han perdido importancia y las cabezas se han hecho invisibles. Gilles Jobin nos enfrenta a una armonía completamente diversa a la aceptada por la cultura dominante, demuestra, por tanto, que son posibles otras armonías, otros equilibrios, otros órdenes. Pero, en tanto tal equilibrio perturba nuestra percepción habitual del cuerpo, del sexo y de la danza constituye en sí mismo un ejercicio de desestabilización conceptual.

El interés por el desequilibrio y la desestabilización es constante en el trabajo de los artistas coincidentes en Desviaciones. La desestabilización funcionaría como negatividad en un proceso de cuestionamiento de los equilibrios asumidos, dando lugar a nuevas armonías que por su dimensión utópica aún contienen una fuerte dosis de negatividad. Así, la propuesta de Nao Bustamante, que cuestiona en su espectáculo la imagen tradicional de la mujer e invita al público a ser cómplice en un proceso de subversión de los cánones y valores culturales, se basa concretamente en una sucesión de ejercicios de equilibrio e inestabilidad, incluyendo cierta dosis de riesgo físico (como cuando en lo alto de la escalerilla de mano se pone los zapatos de tacón al mismo tiempo que controla con el pie el viejo tocadiscoso como cuando en lo alto de la otra escalera compone figuras paródicas deimágenes cinematográficas o publicitarias).

Mónica Valenciano, por su parte, contemplaba su trabajo como el resultado de una serie de “tropiezos” y “empujones” que habían minado la estabilidad y convertido su danza en una especie de “garabato”, sin soporte físico, generador de “una sensación medio desnuda y desolada que queda tras él…” En sus primeras piezas el movimiento se trucaba una y otra vez y se ofrecía al espectador como una sucesión de impulsos, de frases interrumpidas, de “pequeñas explosiones inesperadas”, de gestos retorcidos o contorsionados.

La inestabilidad puede afectar ya no al movimiento del cuerpo sino a la estructura del espectáculo en su conjunto. Es el caso de las últimas propuestas de Mónica Valenciano con El Bailadero, donde apenas encontramos ya secuencias coreográficas propiamente dichas y donde los intérpretes se desenvuelven en el marco de una estructura construida sobre los conceptos de azar y juego, que permiten las transiciones bruscas, el contraste, el grotesco.

Inestable es igualmente la estructura de Park, de Claudia Triozzi, un espectáculo íntimo y frágil, que en cualquier momento, da la impresión, podría ser quebrado por la acción del público invasor del espacio privado de la artista. Inestables por subrevedad son las ocurrencias de La Ribot, que en algunos casos nos asaltan como extrañas piruetas que no se pueden sostener más tiempo del que la física permite. Inestables las imágenes compuestas por Blanca Calvo y Ion Munduate en Sangre Grande, como no podía ser menos después de haber tomado como punto de partida la dualidad y el “matrimonio de opuestos”. Inestables los discursos de Mónica Valenciano, hasta el punto de mezclarse, interrumpirse, confundirse, disolverse unos en otros. Inestables, en fin, los equilibrios forzados de Olga Mesa, que dan lugar continuamentea caídas, a descompensaciones bruscas del cuerpo: “no quiero cuerpos tranquilos/ quiero cuerpos cansados / desorientados incómodos / carnales / cuerpos que piensen intranquilamente / quiero lucidez y desorden”.

En contraste con la inestabilidad y con la fragmentación de las piezas, encontramos una preferencia por el ‘tempo’ lento: secuencias de inmovilidad tensa, de silencio, de fijación de la imagen, espacios abiertos para la contemplación o para la reflexión, que llegan en algunos casos a anular no sólo el movimiento sino la acción misma, forzando al espectador a adaptar su percepción y enfrentarse a una propuesta plástica o visual (MMMM de Blanca Calvo o Más distinguidas 97), a sumergirse en un espacio acústico (Adivina en plata, de Mónica Valenciano), a introducirse en la conciencia de la propia carne con sus afectos y sus pasiones (Desórdenespara un cuarteto o Solo para mujer deshabitada, de Ana Buitrago), o en el interior de una entidad abstracta, pensante y sensible (Oh, Sole, de La Ribot). Se trata tal vez de proponer de nuevos equilibrios en el marco de la inestabilidad, o de invitar al espectador a buscar su propio equilibrio o su propio orden.

La Ribot

(1997 – Lois Keidan, Londres) by La Ribot

J.A. SÁNCHEZ, Ed., Desviaciones (documentación de la 2ª Edición de Desviaciones) Edita J.A. Sánchez, Madrid-Cuenca, 1999. (pp. 13-28).

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