Como el tiempo perdido | Ingrávido

Cada viernes voy a nadar a la piscina municipal, con mi mochila a cuestas y un escaso 5% de batería en el cuerpo. El polideportivo donde se encuentra es muy antiguo, y sus instalaciones te recuerdan que sólo eres uno más que pasa por aquí, que el día que dejes de hacerlo otro lo hará por ti, ya que serás viejo, o estarás muerto de cuello para arriba.
Una lesión en el pie ha conseguido que acabe en esta olla con cloro. He de evitar cualquier tipo de impacto, así que nadar es lo que me faltaba por hacer. Aunque confieso que ha sido lo mejor que me pudo pasar. Esta forma de hacer ejercicio me ha atrapado, semidesnudo y vulnerable, con un gorro de goma en la cabeza y unas gafas de aviador mutante. El cálido ambiente de este estanque artificial me arropa y apacigua mi tensión, licuando la masa de carne que soy. Y cuando al fin estoy preparado, con el lazo del bañador bien prieto: ¡Zaass! Me zambullo en el agua tibia a cámara lenta, igual que un bebé en su líquido amniótico liberándome de todo. Hasta de mi locura más obsesiva por un mundo repleto de valores y de buena educación. Me dan igual todos. En cada brazada voy dejando atrás las escamas tóxicas de mi piel, todo eso que me sobra: Un padre alcohólico, una infancia de tabúes, una familia unida. Los colegios, las vacaciones, el barrio. Las sobremesas, el humo, las navidades. Las apariencias, los fracasos, la moral. Las mentiras, las huidas, las miradas. El bloqueo, la soledad, la compasión. El enredo de seguir viviendo. En ese lapsus indómito, sólo floto. Soy un ser sordo y acuático. Como un animal inconsciente que se preocupa únicamente de respirar para sobrevivir. Sin más malabares que estirar bien los brazos y mantener el culo a flote. Es como desaparecer. El alivio de no estar aquí, de ser invisible. De no ser. Para todos y para nadie. Sin inputs, sin sonrisas, sin buenos gestos. Sin muros, ni trofeos, ni castigos, ni anzuelos. Sólo corrientes de silencio alternas y el murmullo de la tierra al girar. La niebla roja de esta pecera que me separa de ti que me enseñaste a nadar.

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