Violeta y Galileo | Amor en el barrio chino (finale)

Esta historia está dividida en tres actos que se publican de manera correlativa los meses de noviembre, diciembre y enero. Está dedicada a esas tipas y tipos que regentan los negocios que dan vida y alma a este barrio tan emblemático de Palma: Bar Flexas, Biokalma, Bocalto, Bar Ca La Seu, Carnivale Tattoo, Clínica Veterinaria, La Cuadra del Maño, La Despensa del Barón, La Juguetería, La Tortillería, Lemon Tree, Molta Barra, Onda 10, Plaer Natural y Quina Creu. El orden de aparición es fruto de los caprichos aleatorios de Galileo. A veces, no hay quien entienda las cosas del corazón, sólo a veces.

Se amaron entre paredes martianas y marcianas, follándose como si no fueran a dejar de hacerlo nunca, se quisieron en todos los portales hasta dormirse en uno de ellos sin conciliar el sueño y despertaron juntos sin que amanecieran los sueños. Los adoquines se habían cubierto de césped, las margaritas alfombraban las paredes y las farolas encendieron los destinos de cada uno de sus pasos hasta llegar sin querer a La Tortillería de Palma, un lugar de encuentro bajo los arcos de la Plaza de la Quartera donde las gentes son los verdaderos protagonistas, un antiguo cobijo donde los buscavidas y los artesanos entrelazaban sus manos como las raíces de los árboles.

La Tortilleria | Foto: Miguel Seguí

Se nutrieron entre vermuts y alternaron sus apetitos con sus aperitivos, embadurnaron las tostas con el sabor explosivo del paté de tomate, entre salivadas y olivadas, se deshicieron entre sus patatas, sus cebollas y sus huevos. Se cocinaron en crudo al compás de unas tortillas elaboradas con mucho cariño.

Sa Jugueteria | Foto: Archivo

Afuera ya no existían los relojes y, cabalgando entre fantasías, se detuvieron atónitos delante de Sa Juguetería, en la Calle del Pes del Formatge, atraídos por las maravillas de una atmósfera que te recordaba a tu infancia. Un lugar donde se combinan los wraps con los juegos reunidos geyper, las quesadillas con los viajes de Gulliver en coches de scalextric, las ensaladas con los cuentos de hadas y las hamburguesas con las colinas burguesas de los campos de fresas. Violeta y Galileo se columpiaron con arte sabiendo que no es sólo lo que te comes, sino dónde te lo comes, no sólo quién te lo hace, sino cómo te lo hace, riéndose y compartiendo actitudes.
Entre juegos y juguetes se abrigaban con el abrigo de las marquesinas, se pasearon sin sonidos y frotándose mientras crecían las lianas verdes y se encendían las chimeneas de las cabañas de madera al ritmo que les marcaba el bombeo de sus propios corazones, se perdieron en la Clínica Veterinaria para convivir con ornitorrincos, óleos, dromedarios, pitones y anacondas, cuadros, esculturas y gatos, guanacos y gamusinos, fotografías, linazas y secantes, gorilas, lechuzas, relatos, tiendas de campaña y otros bichos que corrían por ahí. Se entregaron a las consecuencias lógica y fisiológica de introducirse en el mundo de alguien que vivía mientras pintaba, escribía, soñaba, escupía y esculpía.
Y se iban los minutos impolutos, los segundos fecundos y las horas solas en el mar de las olas para protegerse entre las ramas de los limoneros. Se sentían como Maya y Willy en un país multicolor, bajo el sol y volando sin cesar en el mundo de Lemon Tree, picoteando el néctar de una crema de calabaza con vinagreta de frutos rojos, disfrutando él con su bacalao dorado y temblando ella con su flan de huevo, perdiéndose en las nubes con la burguer de atún rojo marinado con mayonesa de wasabi, sésamo y reducción teriyaki, desapareciendo entre la calidad y la originalidad de sus platos, entre sus cervezas artesanales y un millón de opciones de pinchos elaborados con mucho amor.
A la hora de la siesta y a la que se acuestan los vampiros, Violeta y Galileo se entregaron a un delicioso descanso entre sus sábanas individuales y el despertador del deseo les avisó en el momento exacto en el que deberían de asearse y vestirse para ser puntuales a las nueve de la noche, en el Bocalto, como habían quedado. Un restaurante que rompía la oscuridad irradiando una luz con una estudiada iluminación para nutrirse del pasado del barrio y ofrecerle su futuro. En una zona delimitada por sofás y matizada de verdes y violetas, se entregaron a la pasión de los párpados y las pestañas bailaron al ritmo de una selección perfecta de música y aperitivos. Se consumieron como dos lubinas con salsa de langostinos en medio de patata confitada y crujiente de berenjena. Se sorbieron entre sorbetes y se fueron silentes sabiendo que mañana saldrían los aviones, con los destinos programados y sin contemplaciones.
Por la inercia del encanto y las sorpresas, se sorprendieron al comprobar que se habían hospedado en el mismo lugar y, sin importar lo más mínimo cuál era la de quién, se introdujeron los dos en la misma habitación para acostarse con el sabor amargo del amanecer. Se momificaron como lo hacen las cucharas, compartieron los infartos y se abrazaron a la espera de que llegase el médico forense para poder certificar las muertes de Violeta y Galileo por una doble parada cardíaca fruto de las frutas de la pasión. (texto: Carlos Penas)

 

 

Bocalto | Foto: Jaume Ayuso

ENG: This is a story divide into three parts which will be published in November, December and January, respectably. It´s dedicated to all those quirky people that visit the establishments that fill this emblematic Palma neighbourhood with soul and life: Bar Flexas, Biokalma, Bocalto, Bar Ca La Seu, Carnivale Tattoo, ClíncaVeterinaria, La Cuadra del Maño, La Despensa del Barón, La Juguetería, La Tortillería, Lemon Tree, Molta Barra, Onda 10, Plaer Natural and QuinaCreu. The order in which these businesses appear is all down to Galileo´s own random doings. Sometimes, just sometimes, one can´t understand the heart´s desire.

So they loved each other in these Martian and “martiana” walls, fucking each other as if they would never stop, they loved each other in every doorway until falling asleep in one without sleeping, and waking up together without dreaming. The cobble stones had turned to grass, there were flowers on the walls, and each and every street lamp was shining their away until they reached “La Tortillería de Palma”, a great place to meet friends located under the arcs of Plaza de la Quartera, where the people are the real stars, a cubby hole where traders and artists linked arm in arm as roots of a tree do. They quenched their thirst with vermouths and fed their hunger with the aperitifs, they spread their bread with the explosive tastes of tomato pâté, salivating and eating olives, and they finally unravelled in potatoes, onions and eggs. They cooked their rawness with well-prepared tortillas. Time had stood still for Violeta and Galileo, riding on their fantasies, and they suddenly stopped in front of “Sa Juguetería” on Calledel Pes del Formatge, drawn in by the fantastic atmosphere that reminds you of your childhood. “Sa Juguetería” is a special place where you can find wraps and geyper games, quesadillas and Gulliver travels, scalextric cars, salads, fairy tales, hamburgers and strawberry bourgeois hills. So our lovers, laughing and sharing their thoughts, swung on the swing knowing that it isn’t all about what you eat, but where you eat it, not about who makes it, but how it is made.
Amongst games and toys, Violeta and Galileo wrapped up warm in a coat of canopies, and took a stroll in silence, cuddling each other while the green lines grew and the wood cabin chimneys where lit, all following the rhythm of their hearts. They got lost in “Clínica Veterinaria”, living with platypuses, oil paintings, dromedaries, pythons and anacondas, paintings, sculptures, cats, guanacos and gamusinos, photographs, linseeds, secants, gorillas, owls, stories, tents, and other creatures dotted around the place. They succumbed to the logical and philosophical consequences of entering the world of someone who lives whilst painting, writing, dreaming, spitting and sculpting.
So the minutes went by in their cleanliness, the seconds where fertile and the hours where like sea waves protecting each other in the lemon tree branches.

Clínica Veterinaria | Foto: Carlos Penas

They felt like Maya and Willy in a multi-coloured world, under the shining sun and flying without stopping around Lemon Tree, picking at the sweet nectar of pumpkin cream with red berries vinaigrette, him enjoying his golden cod, and her trembling like the egg flan, getting lost in a red tuna burger marinated with wasabi, sesame seed and teriyaki reduction mayonnaise, disappearing amongst the warmth and originality of their dishes, their craft beers and a million different pinchos options prepared with love.
Once it was siesta time, when vampires rest, Violeta and Galileo couldn’t resist the delicious sleep in individual sheets when the alarm clock of desire woke them at exactly at the right time to get up, have a shower, get dressed, and be promptly at 9:00 in the evening at Bocalto, as they had arranged beforehand. A restaurant that brakes through the darkness with a well thought out lighting arrangement, feeding the past of the neighbourhood and offering a future. In a zone defined by sofas, in green and violet tones, they gave themselves up to the passion of their eyelids and their eyelashes danced to the sound of perfectly selected music and aperitifs. They consumed each other as if they were two seabasses in shrimp sauce served with confit potatoes and aubergine croutons. They sip each other amongst sorbets and they silently left knowing that the next day the flights would leave, with the destinations in order and without hesitation.
Charmingly and as a surprise, they found out that they were both staying in the same place, and without a care in the world about whose room was whose they both went into the same one to sleep together with the bitter taste of morning on their lips. They mummified as if they were two cockroaches and, in an exchange of heart attacks, they embraced each other waiting for the forensic team to certify the death of Violeta and Galileo, death by a passionate cardiac arrest.

 

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