Uno de los pensadores más optimistas del siglo XX nos da tres claves para cambiar la realidad

El siglo XX fue prolífico en avances tecnológicos, médicos y militares, también en pensadores de muy diversa índole que podrían agruparse, vistos desde la actualidad y en un ejercicio de síntesis algo apresurado, en apocalípticos, integrados y utopistas. El arquitecto, diseñador y filósofo estadounidense Richard Buckminster Fuller (1895 – 1983) parece oscilar entre estos dos últimos grupos. De la cúpula geodésica del Epcot Center, en Disneyland, a diversos proyectos para viviendas accesibles, la mayoría ignorados hasta ahora, se asoma una vida y un pensamiento que intentó esquivar las complicaciones del capitalismo salvaje y buscar a la vez la realización de un mundo ideal integrando los recursos y los avances disponibles.

Buckminster Fuller optó por ver lo mejor de la humanidad y su visión de las cosas estaba dirigida a construir un mundo globalizado, pero con intenciones menos económicas que de bienestar e igualdad social para todos y cada uno. A continuación te compartimos los tres puntos claves para entender su pensamiento y aprender de sus decisiones vitales:

Tu vida no te pertenece.

Cuando era joven, Fuller trabajó en una fábrica de textiles, en la marina de los Estados Unidos y en la industria del embalaje para carnes. En sus años veinte, al lado de su suegro, fundó una empresa para construir viviendas ligeras, pero la compañía fracasó. A los 32 años se quedó en bancarrota, vivió en las calles y en los albergues públicos de Chicago y, poco después, su hija murió a causa de las complicaciones de la polio y de la meningitis espinal. Sintiéndose totalmente frustrado y responsable de la muerte de su hija, Fuller se volvió alcohólico y decidió matarse. Pero en el umbral del suicidio tuvo una revelación: su vida no era de su propiedad, sino que le pertenecía a la humanidad. Entonces, prometió dedicar el resto de sus días a un experimento trascendental: encontrar el modo en que un sólo individuo podría contribuir al cambio del mundo y beneficiar así a toda la humanidad, lo que sería un ejemplo de un pacto con Dios, mucho menos publicitado que el famoso “pacto con el Diablo”.

No intentes cambiar a las personas. Transforma el medio ambiente.

Siendo arquitecto, Buckminster Fuller se dio la misión de cambiar nuestra especie, un rol tradicionalmente desempeñado por políticos y líderes religiosos. Por eso su acercamiento fue diferente y comprendió que es casi imposible cambiar a la gente. En contraste, al buscar cambiar el medio ambiente donde las personas se desenvuelven creó espacios como la cúpula geodésica y la casa Dymaxion: un simple recorrido en tales edificaciones puede cambiar la percepción y las ideas de la gente e invitarla a replantear su visión del mundo y de sus posibilidades. En vez de sujetar y sacudir a alguien mientras le gritamos “¡el mundo se cae a pedazos!”, su idea fue crear entornos que muestren en sí mismos una solución posible.

 

Tenemos bastantes recursos para cada individuo en el planeta. Para comprobarlo, hay que concebir al mundo como un sistema total.

Fuller concebía al mundo como un sistema en su totalidad, en vez de verlo como una multiplicidad de naciones diferentes, aisladas y en guerra, una forma de pensar que es aún más dominante de lo que creemos. En este sentido, acuñó el concepto Spaceship Earth (Nave espacial Tierra), para indicar según él lo que somos y donde estamos: “el hecho más importante de la Nave espacial Tierra es que su guía de uso no viene incluida”. En otras palabras, si podemos pensar el mundo como un sistema interrelacionado y coherente, entonces es posible comenzar a dirigir el rumbo y resolver integralmente los problemas y carencias de la humanidad como un todo, en lugar de condenar a la muerte a unos para que los menos tengan más que demasiado.

Richard Buckminster Fuller escribió con abundancia, pero su escritura resulta compleja si no críptica, lo que no ha ayudado mucho para que sus ideas germinen. Por razones obvias su trabajo ha sido cuestionado y llevado muy escasamente a la práctica. Ha sido más viable ejecutar sus complejos arquitectónicos en Disney, por ejemplo, que en el mundo tal cual porque conviene ver su trabajo como algo propio de la fantasía o de la ciencia ficción. La globalización, la visión del mundo como un sistema total está en marcha, pero en condiciones muy diferentes a las que anhelaba Fuller, tal vez ingenuamente.

Después de todo, conceptos como “sinergia”, implementado por este arquitecto y utopista norteamericano, aún son usados con frecuencia y es claro que el cambio de las condiciones actuales de vida requiere de la acción conjunta de todos, como si cada uno fuera un órgano fundamental del gran cuerpo de la transformación colectiva. De tal manera que si esta breve introducción ha despertado tu interés o curiosidad, puedes remitirte al libro A Fuller View, una colección de ensayos de diversos autores especializados en su pensamiento que te dejarán más claras sus ideas para que puedas profundizar en ellas.