William Burroughs te dice cómo enfrentar lo absurdo e impermanente de la condición humana

El sabio pervertido Burroghs con inesperados consejos de inspiración zen para afrontar la condición humana

En los intersticios de sus delirantes narrativas –cortadas por la poesía de los opiáceos– William Burroughs inserta perlas de filosofía. Podrían pasar desapercibidas, pero el lector atento reconocerá esa veta más o menos constante en Burroughs que lo hace un viejo lobo de mar o un recocido tío sabio y bizarro. En su última gran novela, The Western Lands (1987), el hombre que tenía “1 millón de dólares de heroína en el brazo” escribe:

western_lands.us.viking.1987
La condición humana es un caso perdido una vez que te has sometido a ella al haber nacido… o casi. Hay una oportunidad en 1 millón, y eso es una posibilidad biológica decente. Empieza de donde estás mirando hacia abajo del tubo. El 90% de tu actividad es estar inquieto sin ningún propósito, prendiendo otro cigarrillo… el peso de 90% ramas muertas sobre tus espaldas… esos son los momios de la casa. Las películas supuestamente concentran los pocos momentos de acción significativa, pero de todas maneras cargan más del 60% de peso muerto. Por ejemplo una película como El padrino… corte corte corte. ¿Quién quiere verlo comprar un durazno, ponerse un abrigo, beber un vaso de vino? Así que tenemos tal vez unos 10 minutos que nos conmueven y eso es una muy buena película. Así que puedes abarcar todo el guión de tu vida en una semana, o menos. Algún personaje menor quema toda su parte en apenas unos segundos.

Nuestra vida está compuesta mayormente de paja y no de cualquier paja, dice Burroughs, paja mortal, enferma y oprimente. Sin embargo, tenemos una posibilidad, en nuestra forma de percibir, de encontrar sentido. Burroughs fue entre los beats el menos tocado por el budismo zen, pero aquí muestra que supo absorber a su propia manera, asimilando a su propio cosmos embrujado, las perlas de la filosofía oriental:
Concéntrate en todo el planeta moviéndose a esa velocidad. Todo encuentro es tan portentoso como un cometa. El aire crepita con peligro, miedo, luto y éxtasis. Cada vuelta más rápido. […]

Así que tenemos una vida con pocos momentos de propósito y significado dispersados aquí y allá… no tienen que ser supremos pedazos de gran logro, puede ser solamente el cielo nocturno sobre St. Louis o donde sea. Puede ser un gato blanco en una pared roja mirando el horizonte de Marrakesh… ese gato macho es Ra, el dios mismo. Es transitorio: si ves algo hermoso, no te aferres a ello; si ves algo horrible, no recules de ello, aconseja el sabio tántrico [itálicas nuestras].