Una prisión brasileña utiliza chamanes y ayahuasca para rehabilitar a los más violentos

En la ciudad brasileña de Ji-Paraná, los presos encerrados por asesinatos o violaciones, están recibiendo ceremonias chamánicas con Ayahuasca diseñadas para “rehabilitarlos y permitirles realizar un cambio de vida espiritual profundo”.

Terapeutas voluntarios de la asociación Acuda, se dieron cuenta de que ningún tratamiento psiológico convencional era eficaz para tratar a los delincuentes, por lo que decidieron afrontar el asunto desde un ángulo completamente diferente. Ahora administran tratamientos de Ayahuasca, y por lo visto, han demostrado ser muy eficaces hasta ahora. La infusión de Ayahuasca forma parte de la antiguas tradiciones espirituales sudamericanas. Contiene la molécula dimetiltriptamina (DMT), que algunas personas creen que se crea en la glándula pineal del cerebro cuando una persona sueña y cuando muere. Esos creyentes afirman que dicha molécula es un portal real que transfiere el espíritu del cuerpo a un estado de conciencia alucinógena. Las personas que consumen ayahuasca describen supuestas comunicaciones con seres de ‘otro mundo’, y son transportados fuera de sus cuerpos. Sus efectos duran alrededor de 2 a 6 horas.

Ayahuasca_prep

Celmiro de Almeida, un hombre que cumple una condena por asesinato, recibió un tratamiento con ayahuasca y afirma que: “Finalmente me estoy dando cuenta de que estaba en el camino equivocado en esta vida. Cada experiencia (con Ayahuasca) me ayuda a comunicarme con mi víctima para pedirle perdón”

“Se nos considera la basura de Brasil, pero este lugar nos acepta”, dijo Daci Altair Santos da Silva, un trabajador de la construcción que hace 13 años abusó sexualmente de una menor de 14 años. “Sé que lo que hice fue muy cruel. El té de Ayahuasca me ayudó a reflexionar sobre este hecho, sobre la posibilidad de que un día pueda encontrar la redención”. Múltiples estudios científicos recientes han señalado que los alucinógenos pueden ser un tratamiento válido para la enfermedad mental y la terapia ante los traumas, tales como el trastorno de estrés postraumático. De todas formas, estos tratamientos están levantando controversias e indignación.

Algunas familias de personas asesinadas por los internos están molestas ante el hecho de que a los condenados se les ofrezca Ayahuasca, mientras a ellos no se les puede suministrar Ayahuasca libremente para hacer frente a su pérdida. “¿Dónde están los masajes y la terapia para nosotros? Esto es absolutamente repugnante. Los sueños de mi hija fueron extinguidos por un hombre, pero a él se le permite acudir a un centro de tratamiento en la selva y beber su té tranquilamente”, afirma Paulo Freitas, un hombre cuya hija de 18 años fue secuestrada, violada y asesinada.

Por su parte, Euza Beloti, un psicólogo brasileño afirma que : “Mucha gente en Brasil cree que los reclusos deben sufrir, soportar el hambre y la depravación. Esta forma de pensar refuerza un sistema en el que los presos regresan a la sociedad siendo aún más violentos que cuando entraron en la cárcel…simplemente vemos a los reclusos como seres humanos con la capacidad de cambiar”