‘La ira es energía’, de Johnny Lydon

«La ira es energía», gritaba John Lydon en «Rise», canción de Publique Image Limited (PiL) sobre el apartheid. «Es la puta verdad. En la vida se me ha ocurrido otra frase tan potente», defiende en la introducción del libro acuñado con el mismo lema

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En él Lydon dispara sus memorias con ritmo acelerado, punk («pienso más rápido de lo que escribo»), vomitando lo que pasa por su cabeza, haciendo un repaso por su vida y dando un repaso a algunos de los que se cruzaron en ella, lanzando sus verdades en forma de «granadas verbales».
John Lydon fue Johnny Rotten, voz y letrista de los Sex Pistols, posiblemente la banda que inició el movimiento punk en Inglaterra, la más representativa de su corriente nihilista y una de la más influyentes en la historia de la música, con sólo un disco. Sus temas «Anarchy in the U.K.» y «Good Save the Queen» fueron gritos contraculturales de una Gran Bretaña asfixiada por el thatcherismo convertidos en himnos generacionales en todo el mundo.
Pero Johnny Rotten (Juanito Podrido, mote que le pusieron por su mala higiene bucal como él mismo explica) es sólo una parte de Lydon, que en sus memorias recorre su persona y su paso por la historia, desde sus orígenes como hijo de inmigrantes irlandeses sumidos en la pobreza («Yo vengo de la basura») hasta la actualidad. «Este libro responde al autoanálisis» (labor que le llevó a fundar PiL, su segunda banda), «ésta es mi vida sin censura».
Lydon es agua clara, y lo canta todo. Con ira, con rabia, con pasión. Con un punto de vista crítico, provocador, desafiante, y también divertido. Porque él siempre ha tenido algo de bufón… Raja sobre las divas del pop, sobre sus compañeros en la eclosión del punk y sobre el mundo en general. Cuenta su relación con personajes como Vivienne Westwood, Malcolm McLaren o Sid Vicious un gran amigo perdido−, y se despacha a gusto sobre temas como el punk, la música, la creatividad, la enseñanza o la moda.
«Sé perfectamente que los que más van a disfrutar de este libro es la gente que más me detesta y que cada línea confirmará su desprecio. Pero ése es en parte el interés del libro, por eso lo escribo. Mientras piensen, aunque sea negativamente, ¡al menos están pensando! ¿Acaso ya habíamos olvidado que la ira es energía?».

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GOD SAVE JOHNNY ROTTEN

Vengo de la basura. Nací y crecí en un barrio muy pobre del norte de Londres, un lugar parecido a como te imaginas Rusia hoy en día. No sólo era una sociedad extremadamente controlada sino que la sensación de estar vigilado era también enorme. La gente que nacía en este sistema de mierda, ‘shitstem’, como lo llamaban los jamaicanos, estaba convencida de que había personas que tenían derecho a mandarte. A la familia real le dije: ‘Podéis pedir lealtad, pero no exigirla. No estoy para servir a nadie'”.
La vida no ha sido fácil para John Lydon. Nacido en 1956 en una familia de inmigrantes irlandeses, pasó de ser un niño que casi muere de meningitis a convertirse en el mayor azote al ‘establishment’ británico desde los tiempos anteriores a la Reina Victoria. Lo hizo, ya convertido en Johnny Rotten, con los Sex Pistols, el grupo de efímera pero agitada vida que cambió para siempre la música después de consumirse a toda velocidad, como mandaban los preceptos del punk. “Dios salve a la Reina y a su regimen fascista, que te convierten en gilipollas” era el alarido con el que empezaba ‘God save the queen’, el himno de aquella generación que terminaba con aquel: “No hay futuro”. El resultado de aquello fue un monumental jaleo de censura, denuncias, sobredosis, narices arrugadas con gesto de asco, pelos teñidos y ropas chillonas.