Die Antwoord: amorales, abominables y encantadores

Les han acusado de homófobos, de racistas, de sexistas. Die Antwoord, una banda sudafricana de hip hop (cuando no de reggaeton, cuando no de electrónica), os desprecia a todos. Porque son ratas, y las ratas ni conocen ni entienden de moral. Acaban de estrenar el videoclip de la canción ‘Ugly Boy’, el menos polémico de cuantos han hecho hasta la fecha. Pero nos sirve de excusa para hablar de la belleza horrorosa que les envuelve.

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El espacio entre el cielo y el infierno existe y se llama Die Antwoord. Y sus deidades, dos alimañas despiadadas que mediante la música invocan a la sabandija perversa que todos llevamos dentro. Yo-Landi Vi$$er y Ninja componen Die Antwoord, un lugar amoral que existe a través de las canciones que este par de sudafricanos componen.  Cuando no están llamando «follaculos» a los gais en la canción ‘Evil Boy’, están representando cómo una colegiala de orfanato se convierte en un «ángel caído» después de que un exconvicto le dé lo suyo en ‘Cookie Thumper’.

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Die Antwoord desprecia a la humanidad porque ellos son seres despreciables. Lejos de esconderlo, hacen de ello un motivo de orgullo. La vetusta técnica de la transgresión a base de sexo duro, violencia y sangre en esta ocasión sí llama la atención porque la molestia que provoca someterse a su música se convierte en algo positivo. Desde cuándo se admira la luz sin haber comprendido la oscuridad, parecen decir sus letras y videoclips. Y quien mejor representa ese abismo tan espantoso como delicioso es la rubia de torva mirada, Yo-Landi, a quien Vigalondo definió como «una mezcla entre la niña Medeiros y un COMETA». Yo-Landi y Ninja, que además de dúo musical son pareja, saltan al escenario en 2009 con su álbum de debut, $O$, con descarga gratuita.

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Además de hacer referencia al cantante Pitbull, a quien un ‘medio hombre, medio perro’ destroza en la canción seccionándole alguna arteria principal —y la dignidad—, el tema es una versión grasienta y obscena de uno de los temas de la banda sonora de la película ‘Gato negro, gato blanco’, del serbio Emir Kusturica. Solo Die Antwoord podría aunar a un director de culto como Kusturica y a un ‘reggaetonero’ de canciones predecibles como Pitbull en el mismo espacio. Un ejemplo más de que para ellos lo indecente es sacro.

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