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Jonathan Bree tira de la nostalgia de los ochenta

‘Pre-Code Hollywood’ es una nostalgia bien entendida con la que hace la que, probablemente, sea su mejor de colección de canciones en solitario de Jonathan Bree.

Jonathan Bree tira de la nostalgia de los ochenta. Pocas décadas están inspirando tantos discos y carreras musicales como los ochenta. Cada vez que parece que al revival se está muriendo, termina resucitando.

Y ya no solo por esos artistas que vivieron su infancia hace cuarenta años, también por las nuevas generaciones que beben de las decenas de estilos musicales que se popularizaron en esa década -ahí tenemos los dos estupendos discos que han publicado Nation of Language-.

Así que lo mejor es rendirse y disfrutar de los trabajos que te sumergen en su atmósfera. Y más si lo hacen con estilo y talento, como es el caso del último álbum de Jonathan Bree. Un artista que, por cierto, sí vivió su infancia en esa época.

Jonathan Bree no esconde su inspiración ochentera en ‘Pre-Code Hollywood, aunque el título del álbum remite a esa caza de brujas sufrió la industria de Hollywood entre los años 20 y 60.

Y la prueba la tenemos en que, en un ataque de nostalgia, se atrevió a escribir un correo a Nile Rodgers (sin conocerle de nada) para que colaborara en su disco.

Y la sorpresa es que acepto su propuesta. El que fuera líder de Chic, y productor de algunos de los grandes hits de MadonnaDavid Bowie o Duran Duran, colabora en dos canciones de este trabajo.

La primera es la que le da título, que es una canción de synth-pop algo misterioso y oscuro, en el que aparece la característica guitarra de Rodgers. Una guitarra que también protagoniza la preciosa “Miss You”, donde se Bree se marca un delicioso dúo con su amiga Princess Chelsea.

El artista neozelandés ataca los ochenta de varias formas. La más evidente aparece en modo de synth-pop. El disco está lleno de teclados fríos y oscuros que se desenvuelven entre cajas de ritmos que, en algunos casos, te pueden acercar a la pista de baile.

Ahí tenemos la estupenda “When We Met”, que tiene una fuerza sintética increíble. A lo que hay que añadir el talento melódico con el que cuenta Bree. Algo que también se puede apreciar en “Politics”, que es un poco más oscura, pero igual de interesante. O en “Destiny”, donde pisa el freno y nos entrega otro dúo junto a Princess Chelsea. Aunque este es menos directo y pop que el anterior.

Uno de sus puntos fuertes es lo bien que maneja la nostalgia por el sonido de los ochenta. Él mismo ha confesado que ese ataque de nostalgia fue fuerte. Y eso es algo que se nota en varios cortes del álbum.

El primero lo tenemos nada más empezar, con esa preciosidad llamada “City Baby”, una canción que empieza como una nana, y termina explotando en un torbellino de épica sintética. O en “We’ll All Be Forgotten”, el tema menos synth-pop del álbum.

Pero ojo, que, en él, no deja de sonar a los ochenta, porque es una especie de cruce entre Echo & the Bunnymen y New Order. Y no puede sonar mejor. Como tampoco lo puede hacer “Steel and Glass”, que cierra el álbum yéndose a un synth-pop más elegante y triste. Muy al estilo de The Blue Nile. Lo que siempre es un acierto.


Jonathan Bree tira de la nostalgia de los ochenta. Por Fernando Curto

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