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Brett Hennig ¿Y si sustituyéramos a los políticos por ciudadanos seleccionados al azar?

¿Qué pasaría si una sociedad decidiera cambiar a sus políticos por personas elegidas por sorteo? ¿Mejoraría el funcionamiento de las instituciones? ¿Existirían menos casos de corrupción? Parece el argumento de una nueva serie de Netflix pero la idea no es nueva. De hecho, surgió hace miles de años en la antigua Grecia y en la actualidad cuenta con no pocos defensores.

La historia de la democracia por sorteo

Puede sonar a broma pero la democracia al azar ya se utilizaba en la vieja Atenas, donde la mayoría de los cargos se elegían por sorteo utilizando una máquina llamada “Kleroterion”. Más tarde, el mismo método se utilizó en la antigua Roma, en las repúblicas italianas de Florencia, Venecia y Parma, así como en los reinos de Aragón, Castilla y León, en ciudades como Barcelona, o en los cantones suizos. En castellano esta forma de elegir a los gobernantes ha recibido diversas denominaciones a lo largo de la historia: “Demarquía”, “Estococracia” o “Insaculación”. Las diferencias estriban en los métodos empleados para la realización del sorteo. Para simplificar y facilitar la lectura, nosotros nos quedaremos con el término “Democracia por sorteo”. En esta forma de gobierno, no se celebran elecciones ni existen los partidos políticos, y los ciudadanos están plenamente capacitados para ejercer numerosas funciones dentro de las instituciones de gobierno.

En su obra “El Espíritu de las Leyes” (1748), Montesquieu defiende la democracia por sorteo, destacando que “el sufragio por sorteo es de la naturaleza de la democracia, mientras que el sufragio por elección es de la naturaleza de la aristocracia”. También Jean-Jacques Rousseau en “El Contrato Social” (1762) dedica un capítulo a las elecciones y considera que existen dos formas posibles: la opción y el sorteo.

En la actual China, en concreto en la ciudad de Zeguo, sus habitantes eligen cada año desde 2009 por sorteo a 175 ciudadanos para que intervengan en las decisiones del gobierno local. También en la Columbia Británica canadiense ha funcionado tradicionalmente esta práctica democrática, promovida por un grupo denominado “Citizens’ Assembly on Electoral Reform”, y también en Nueva Gales del Sur (Australia), en algunas iniciativas del parlamento de Islandia (2010) y en varios “Geschworenenjurys” (jurados) de Alemania.

Los problemas que pretende resolver la democracia por sorteo

El mismísimo Albert Einstein advirtió en un ensayo publicado en 1949 titulado “¿Por qué el socialismo?” sobre los problemas que planteaba el sistema de partidos políticos: “Los miembros de los cuerpos legislativos son seleccionados por los partidos políticos, financiados en gran parte o influidos de otra manera por los capitalistas privados quienes, para todos los propósitos prácticos, separan al electorado de la legislatura. La consecuencia es que los representantes del pueblo de hecho no protegen suficientemente los intereses de los grupos no privilegiados de la población. Encima, bajo las condiciones actuales, los capitalistas privados inevitablemente controlan directa o indirectamente las fuentes de información principales (prensa, radio, educación). Resulta pues muy difícil para un ciudadano particular, y en la mayoría de los casos le es en realidad imposible, alcanzar conclusiones objetivas y efectuar algún uso inteligente de sus derechos políticos”. En conclusión, para Albert Einstein “la anarquía económica de la sociedad capitalista tal como existe hoy es la verdadera fuente del mal.”

A principios del siglo XX el economista italiano Vilfredo Federico Pareto también alertó sobre los peligros del sistema democrático tradicional y afirmó que “la democracia por sorteo aseguraría la representatividad de todos los grupos y etnias”.

Según sus defensores la democracia por sorteo eliminaría el sistema de partidos políticos, así como los gastos provocados por la celebración de elecciones y los privilegios que suele autoconcederse la clase política. Asimismo desactivaría los compromisos de los gobernantes con sus financiadores (empresas, donantes, etc) que siempre generan decisiones que favorecen los intereses de los máximos responsables del poder económico.

Brett Hennig, un activista a favor de la democracia por sorteo

En mayo de 2017 el escritor y activista Brett Hennig, presidente de The Sortition Foundation (en inglés, “sortition” es el término más aceptado para referirse a la democracia por sorteo) pronunció en Budapest una conferencia TED en la que defendió la selección al azar de ciudadanos para ejercer el poder político. Su pensamiento está compilado en su libro “The End of Politicians: Time for a Real Democracy

Para Brett Hennig, si queremos resolver problemas como el cambio climático, el aumento de la desigualdad o la crisis de los refugiados, debemos mejorar el actual modelo de elección de nuestros gobernantes. Desde la aparición de las primeras poblaciones, la sociedad siempre se ha preguntado cuál sería la mejor manera de vivir juntos. Platón pensó que necesitábamos guardianes benevolentes que pudieran tomar decisiones por el bien de todos. A lo largo de la historia, muchos reyes y reinas, argumentando derechos divinos, pensaron que ellos podrían ser esos guardianes, pero la mayoría fueron presas de su codicia y antepusieron sus intereses personales sobre los de su pueblo. Más tarde el sistema marxista planteó otro tipo de soluciones, así como los regímenes fascistas como el nazismo. Las democracias más avanzadas tampoco parecen ser sistemas perfectos, y en muchos países, la democracia está bajo sospecha y no cuenta con el respeto de millones de ciudadanos. En este contexto histórico la democracia por sorteo, que lleva en hibernación más de 2.000 años, puede ser la solución que las sociedades modernas están buscando.

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