Como el tiempo perdido: Levanta la cabeza. -¿Por qué me hacen sentir inútil cuando hago arte?
–¿Quién?
-El resto, la gente que me juzga a mí y no lo que hago. Ni siquiera se cuestionan su valor. –Tal vez deberías no hacerles caso y seguir trabajando.-Trabajo duro, le robo tiempo al sueño, al hambre y a mí.
–No te rindas porque moriremos haciendo esto, no sabemos hacer otra cosa y esta cosa nos puede, es una serpiente de colores que muerde, pero tenemos el antídoto.
-¿El antídoto es el arte? –No, el amor es el antídoto y el arte de educar.
-¿Educar?
-Sí, educar a esta sociedad enferma, casi podrida, que mira con los ojos cerrados por no enfrentarse a la crudeza de los tiempos y que por ello mira mal todo lo que no entiende. Intentemos que los niños mantengan su mirada limpia.
-¿Cómo?
-Educándolos. Enseñándoles a creer en ellos mismos. Sin heredar nuestras malas y caducas costumbres.
– Levanta la cabeza.
– ¿Así?
-Sí, como antes en posición fetal con un brazo extendido mirando al frente. Me gusta que te inventes poses locas, imposibles.
–¿Sabes una cosa? He luchado mucho por esto.
-¿Por el taller?
–No, por lo nuestro. Por este amor que se confunde. Por esta dualidad que se apodera de mí.
-¿Sabes lo que quieres?
–Sí a ti. Y a la vez tocar el cielo.
–No te muevas por favor. A pesar de tus inseguridades sé que estarás conmigo siempre, no puedes engañarte. No se puede ir contra corriente cuando eres el río.
–¿Crees que estamos locos?
-Creo que debemos seguir adelante con todo. No estamos haciendo nada malo. Estamos viviendo nuestras vidas y eso te da miedo, lo sé. Pero debes de mirar hacia adentro, olvídate del mundo.
–Dime que me quieres, me gusta escucharlo.
-Te amo.
Levanta la cabeza. Como el tiempo perdido por Roberson Rey