La ley de la atracción al descubierto

Uno de los libros más vendidos en España y en el mundo es El Secreto de Rhonda Byrne, que recoge la ley de la atracción. Esta asevera que basta proyectar y desear algo con fuerza para que el universo nos lo conceda, aunque poco de científico tenga tal teoría.

La ley de la atracción al descubierto. Hablamos hoy sobre el fraude de la ley de la atracción y averiguamos algo más sobre la difusión de esta creencia en nuestra sociedad y sus posibles consecuencias.

Qué dice la ley de la atracción

Para poner en contexto el éxito de la creencia de la ley de la atracción, hemos de remontarnos a la publicación de El Secreto (Urano, 2007) hace más de una década, que volvió a entrar en la lista de los más vendidos en tiempos de pandemia, así como sus continuaciones El poder (2010), La Magia (2012), Héroe (2013) y El secreto más grande (2020).

La idea en torno a la cual giran todos ellos es la ley de la atracción, que asegura que solo con el pensamiento positivo y proyectando lo que deseas, el universo conspirará para que lo consigas y seas feliz. Explican así los éxitos inesperados, los golpes de suerte y la curación de enfermedades, obviando el esfuerzo, la preparación, la disciplina y las circunstancias que nos rodean a cada uno de nosotros para tener posibilidades de que nos sucedan algunas cosas en la vida.

Qué es la ley de la atracción

Sin embargo, esta teoría es una pseudociencia o creencia pseudocientífica, una corriente fácil en la que refugiarse para no hacer frente a las complejidades y problemas de la vida. Curiosamente, sus defensores consideran que tiene base científica y hacen referencia a aspectos tales como la carga positiva de los electrones y su vinculación a la psicología positiva.

Pero, aunque el pensamiento positivo pueda ser beneficioso, es necesario tener en cuenta los negativos y el resto de factores que nos rodean, para relativizar y poner todo en contexto con la realidad. La ley se basa en unos principios que se alejan por completo de ella.

Niega la realidad

Acera con la palabra “happiness”/Foto: Unsplash

La ley de la atracción no es solidaria ni empática. Nos encontramos con aseveraciones del tipo de que no puedes pensar en enfermedades ni relacionarte con personas enfermas, porque enfermarás. También se dice que no se puede hablar de pobreza ni ser caritativo, porque la caridad solo alimenta a la miseria. E incluso puede llegar a asegurar que los grupos de apoyo o de terapia, como los de Alcohólicos Anónimos o personas enfermas de cáncer de mama, no sirven para nada.

Como consecuencia, se niega la realidad, algo que puede derivar en un problema serio. Porque para afrontar y solventar un problema es necesario verbalizarlo, en ocasiones, con terapia, y para cambiar cosas como las injusticias, el hambre y la pobreza resulta imprescindible conocerlas. Así que de un plumazo la teoría de la ley de la atracción elimina la inteligencia emocional, las etapas del duelo, el voluntariado y la necesidad de los tratamientos y terapias psicológicas, entre otros.

Niega la acción

Vivir es actuar y cada acción tiene una consecuencia. Somos responsables de las consecuencias de nuestros actos, para bien y para mal, así que si queremos algo hemos de trabajar y esforzarnos para conseguirlo. Aunque, en ocasiones, no será suficiente. Si has nacido en una familia humilde, ya cuentas con desventaja para alcanzar determinados objetivos en la vida. Desde luego, será mucho más difícil conseguirlos e incluso habrá deseos que no podrás cumplir por mucho que los desees.

Pero la ley de la atracción niega todo ello. Afirma que solo con creer y vivir como si ya hubieras alcanzado los objetivos, estos fueran a cumplirse. Tal creencia genera más problemas de los que se pueda pensar, porque esa idea origina sentimientos de frustración y culpa al comprobar que no sucede lo que se espera. Por otro lado, niega el valor de aquellas personas que actúan y se esfuerzan cada día para alcanzar los objetivos reales que sí está en su mano conseguir.

Niega la planificación

Una de las consecuencias de negar la acción es la eliminación de la planificación. La ley de la atracción alimenta la idea de que no es necesario planificar nada porque da igual lo que hagas; si lo piensas, el universo te lo concederá. Con lo cual, ¿para qué va uno a reflexionar, tener un pensamiento crítico, analizar sus posibilidades o qué puede cambiar y qué no para conseguir lo que quiere?

La experiencia nos enseña que la reflexión y la planificación resultan imprescindibles para alcanzar objetivos y mantener un buen equilibrio mental que nos permita conocernos y conectar con nosotros mismos. No siempre querer es poder.

Es un acto de fe

Fichas de madera con la palabra fe/Foto: Unsplash

Si no tienes que hacer nada y si no has de planificar nada, la motivación que nos ayuda a mejorar, a aprender, a ser disciplinados y a superarnos a nosotros mismos desaparece de un plumazo. El presente no se vive y uno se convierte en una persona irreflexiva que no se involucra y deja que las cosas pasen esperando el futuro que cree que se merece. De tal manera, la ley de la atracción constituye un simple acto de fe que no soporta el análisis del pensamiento racional.

Alimenta los sentimientos de culpa

Otra de las facetas más preocupantes de la proliferación de esta teoría es que culpa a uno mismo y a las víctimas de las cosas que les pasan. Si engordamos, si nos atropellan aunque vayamos bien por un paso de cebra, si nos diagnostican una enfermedad grave, si sufrimos abusos o si nos abandona nuestra pareja, siempre es culpa nuestra. Si uno es pobre o está en el paro, también.

La ley de la atracción asegura que habremos sido nosotros los que provocamos cualquiera de esas circunstancias con nuestros pensamientos negativos. Y aunque todo esto pueda sonar surrealista expuesto así, es lo que afirma esta teoría: una forma de pensar que nos rodea más de lo que creemos, incluso en personas que no saben ni siquiera de lo que se trata, pero cuya mente funciona de tal forma. Una creencia que dificulta hallar el equilibrio en nuestra salud mental y bienestar personal, y que influye asimismo en el desarrollo de nuestra sociedad.