Noritoshi Hirakawa invita al voyerismo y al desconcierto

En las películas de los maestros Buñuel o David Lynch, se difuminan los límites entre lo sensual y lo erótico, entre lo surreal y lo enigmático, algo que también ocurre en las fotografías de Noritoshi Hirakawa.

Noritoshi Hirakawa invita al voyerismo y al desconcierto. ¿Os habéis preguntado alguna vez por qué nos llama tanto la atención aquello que nos produce un placentero desconcierto?

Todo aquello que nos confunde y no llegamos a entender despierta nuestra curiosidad y esta es más fuerte que el miedo y los prejuicios que dejamos a un lado cuando se trata de convertirnos en voyeurs de una intimidad a la que le falta nuestra perspectiva para percibirla como completa.

La capturas de Noritoshi Hirakawa nos presentan a sujetos que forman parte de historias incompletas que terminan de cerrarse en el momento en que nuestra imaginación, sueños y fantasías entran a formar parte de sus sugerentes rituales.

El artista japonés Noritoshi Hirakawa, aunque estudió Sociología Aplicada, actualmente trabaja en los terrenos de la fotografía, el cine, la instalación y la performance, disciplinas que conviven estrechamente en cada una de sus surrealistas capturas.

Noritoshi Hirakawa invita al voyerismo y al desconcierto. Sus obras han sido descritas como eróticas e íntimas y desafían las opiniones dominantes sobre la sexualidad y la suposición de que el deseo masculino es inherentemente explotador, cosificador y opresivo hacia las mujeres.

El artista, además, cree que la actividad humana forma parte de la cultura en la que vivimos hoy y propone traspasar los límites de la percepción para promover la cultura como tal. En particular, identifica la cámara como “una muy buena excusa para conectar los deseos de hombres y mujeres”.

Desde luego, la sutileza de sus composiciones y los rostros perdidos y reflexivos de sus modelos no dejan indiferentes a un público que se siente igual de atraído que de confundido por la extraña belleza que está contemplando.


Noritoshi Hirakawa invita al voyerismo y al desconcierto. Por Luiki Alonso