El mundo tragicómico de Vincent Gicquel

Vincent Gicquel construye en sus obras un mundo autómata, tragicómico

El mundo tragicómico de Vincent Gicquel. Considera cada pintura que hace como un fragmento de un monólogo interno, describiéndolas como “tanto radiografías de nuestro mundo como secciones transversales de mi propio cerebro”. Para Gicquel, pintar y vivir ocupan el mismo continuo. Ambas actividades existen en la misma relación con el mundo: la existencia, como la pintura, no tiene otro objetivo que hacerlo.

La pintura de Vincent Gicquel sugre del descubrimiento de los aspectos contradictorios de los hechos, los aspectos paradójicos de cada una de nuestras acciones. Para él nuestra existencia está hecha de la sustancia más impalpable que existe, la de las preguntas que quedan sin respuesta.

Lo que nos desestabiliza aquí es el deseo de comprender. Ante estos cuadros, sólo hay una salida: aceptar la sensación de que todo se nos escapa de las manos, de que nuestra búsqueda de sentido es irrefutablemente fútil.

No importa por qué estos personajes luchan, no importa por qué se quejan y no importa lo que hagan: lo importante es que hagan algo. Lo que importa es el esfuerzo que hace el hombre para sobrevivir.

El humor se convierte entonces en imprescindible, la risa: salvadora.

Una de las claves para abordar esta obra reside en su estructura cómico-trágica. La risa de Vincent Gicquel es una rebelión de la mente contra el absurdo. Una risa nacida de una concepción de la vida «sub speciae ironiae», fruto de la conciencia de la condición humana.

Todo es solo entretenimiento, una distracción de la muerte. El mundo tragicómico de Vincent Gicquel

Cada uno de estos lienzos constituye el punto de incidencia de un reflejo; el fiel espejo de la realidad en el que el hombre viene a reflejarse.

El humor se convierte entonces en imprescindible, la risa: salvadora. Una de las claves para abordar esta obra reside en su estructura cómico-trágica. La risa de Vincent Gicquel es una rebelión de la mente contra el absurdo. Una risa nacida de una concepción de la vida «sub speciae ironiae», fruto de la conciencia de la condición humana. Todo es solo entretenimiento, una distracción de la muerte. Cada uno de estos lienzos constituye el punto de incidencia de un reflejo; el fiel espejo de la realidad en el que el hombre viene a reflejarse.

El único sujeto posible soy yo, es mi relación con el mundo. No hay nada en mi pintura que no esté ligado al pintor que soy, nada que no esté directamente ligado al proceso mismo de creación. Cada cuadro se utiliza para sostener un discurso sobre el único tema con el que se puede asociar: el acto de pintar. Todos mis personajes están ocupados en tareas indefinibles, movilizados en el ejercicio de una actividad que parece ser toda la razón de su existencia.

Día tras día repiten incansablemente los mismos gestos con aplicación, determinación y parecen ser los únicos que realmente saben lo que hacen. No hay nada enigmático, nada que resolver, nada que comprender. Solo trato de resaltar lo absurdo de cualquier acto, y solo insisto lienzo tras lienzo en su indispensabilidad. El significado siempre eludirá a sus perseguidores y todo intento de explicación estará condenado al fracaso.

Sólo una cierta dosis de humor o una verdadera pasión por el absurdo pueden ayudarnos a apreciar mi pintura y el mundo en el que vivimos. Nada ha cambiado realmente y nada lo hará. Mi mirada y el trabajo al que me apego solo me permiten cambiar un poco las cosas.

La gente se hará las preguntas que quiera. Sobre su propia condición, su lugar en el universo, sus certezas, sobre la muerte y sobre la importancia del humor. Porque si en verdad no hay nada que entender en este mundo, hay muchas cosas risibles.

Vincent Gicquel

Vincent Gicquel (n. 1974, Francia) vive y trabaja en Burdeos, Francia. Exposiciones recientes incluyen La Criée Centre d’Art, Rennes; Colección Pinault, Couvent des Jacobins, Rennes. Su obra forma parte de colecciones como Collection Pinault, Artothèque de Pessac – Les arts au mur, Pessac y Centre d’art Chasse-Spleen, Francia.

El mundo tragicómico de Vincent Gicquel. Texto: Vincent Gicquel