Ramon Casas, el pintor de la vida moderna

Un dibujante excepcional como Ramon Casas con un poderoso dominio de la línea y de los encuadres ha conseguido captar un cambio de época. La vida moderna; la crónica social; la afición al ciclismo y al automovilismo; las revistas artísticas y literarias; los retratos de chulas y de manolas

Ramon Casas, el pintor de la vida moderna. Ramon Casas (1866-1932) comenzó su carrera artística muy pronto. Provenía de una familia burguesa acomodada que no le puso pegas a su vocación. Con quince años publicó su primer dibujo y dos años después ya participó en una exposición en París.

Contó casi siempre con reconocimiento (las críticas conservadoras iniciales enseguida se acallarían con el seguimiento unánime de su talento), y esto a la larga, ya en el final de su trayectoria, le condujo a un cierto conformismo o acomodamiento que, como señalaba Cristina Mendoza en un estupendo artículo publicado en Descubrir el Arte 24, “se tradujo en una producción convencional”.

Ramon Casas, uno de los mejores pintores del modernismo

Pero para entonces ya había dejado maravillosas obras que le han hecho pasar a la historia como uno de los mejores pintores del modernismo. No es extraño, por tanto, que sea el Museo del Modernismo (MMBCN) de su ciudad natal, Barcelona, quien se volcó a celebrar su efeméride, cuando se cumpleron 150 años de su nacimiento.


Algunas de las obras que reseñamos aquí, Ramon Casas & La vida moderna, son un gran tributo a este artista con el que se quiere reconocer la gran capacidad creativa que le permitió concebir nuevas soluciones plásticas y abordar con maestría distintos lenguajes: pintura, dibujo, cartel.

Todos ellos se reunieron en el museo, junto con objetos personales y herramientas artísticas que acompañaron al visitante en un recorrido por la vida y obra de Casas. Su etapa de formación y sus primeros pasos en París dividida en seis bloques temáticos: la crónica social; la afición al ciclismo y al automovilismo; las revistas artísticas y literarias; los retratos de chulas y de manolas; Julia como musa, amante y esposa, y la serie de retratos a personalidades contemporáneas. Sus facetas como paisajista y cartelista quedan imbricadas en estos apartados.


Su paso por París (viajó allí por primera vez en 1881 y vivió distintas temporadas, estuvo en la academia de Carolus Duran, se sumergió en la vida bohemia y artística de Montmartre y compartió intereses con Santiago Rusiñol y Miguel Utrillo) fue clave para sentar las bases de su pintura renovadora. Trabajó bajo el influjo del impresionismo, como destacaba Francesc Fontbona en el artículo que dedicó en Descubrir el Arte nº 191 a Casas y Rusiñol con motivo de una exposición en el Museo Thyssen de Málaga en 2015, “el impresionismo que se impuso en él fue más el de Degas que el de Monet, alimentado sin duda también por la visión de la obra de Whistler».

Es curioso que de su época parisina data la influencia velazqueña a través de Manet. De esta época datan obras relevantes como Corrida de toros de 1894, innovadora por su encuadre fragmentario, su punto de vista elevado y la construcción del espacio a través de zonas de color, o Plein Air, una bella y poética escena de compleja composición espacial, luces tamizadas y figuras evanescentes.


De regreso a España, Ramon Casas es testigo de los acontecimientos con los que Barcelona se adapta a un cambio de época. Obras como Garrote vil o Las regatas se utilizan para narrar la crónica de una época. «Garrote vil» es un ejemplo claro de denuncia social, realizada huyendo del patetismo de la escena de género y de la solemnidad de los cuadros de historia. No se recrea en detalles morbosos, capta el instante como lo haría un fotógrafo que quiere dar testimonio y se beneficia de una vista privilegiada por la altura.

A propósito de este cuadro, Beatriz Maeztu señala en el libro que acompaña a la exposición, un acertada relación entre Casas y Goya. «Ambos artistas prefieren alejarse de una individualidad que pueda distraer de la escena, en favor de las líneas, de la estructura y posición de los edificios y del horizonte, y de la colocación de los personajes en actitudes que hacen participe al espectador». En estas composiciones hay que aplaudir también el registro las multitudes.

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La siguiente sección, Pèl & Ploma, recuerda que Casas contribuyó a la renovación de la escena catalana también impulsando y colaborando en publicaciones creadas para promocionar la creación con presentando a personajes ya consagrados como Ignacio Zuloaga y apoyando a jóvenes como Pablo Ruiz Picasso.

En Pél & Ploma, Els Quatre Gats y Forma sus ilustraciones retratan la vida moderna, una vida en la que el papel de la mujer cambia y la bicicleta y el automóvil reflejan una civilización industrial. En ellas hay huellas de su gran virtuosismo en el dibujo. Casas fue un dibujante excepcional con un poderoso dominio de la línea y de los encuadres.

En el reflejo del ansia de modernidad tiene un papel fundamental Julia Peraire, la que fue musa, amante y esposa de Ramon Casas


Decíamos que destacó como dibujante, y también lo hizo como cartelista. Con sus carteles dignificó las conocidas como artes menores con su afán de experimentación a partir de colores vivos, de simplicidad en la composición o de los juegos tipográficos. Dominó el lenguaje publicitario con imágenes en cierto modo deudoras de la obra de Toulouse-Lautrec y que han dejado iconos como los de Anís del Mono o Codorniu. Cuando en 1898 Vicenç Bosch convocó un concurso para anunciar «Anís del Mono», Casas no solo ganó el primer premio, también se hizo con un accésit. El uso de una manola no solo le valió el éxito en España, en el extranjero se aplaudió lo que para ellos era el exotismo de una mujer morena con mantón de manila.

Las chulas y las manolas son un tema recurrente en la trayectoria del pintor catalán, y a ellas se dedica un apartado de la exposición, con el que se refleja al tiempo una sociedad tradicional y su evolución. En el reflejo del ansia de modernidad tiene un papel fundamental Julia Peraire, la que fue musa, amante y esposa de Casas. En el recorrido que Gabriel Pinós Guirao hace de la exposición en el libro Ramon Casas. La vida moderna afirma “Casas ansiaba ver en Barcelona los aires de modernidad, cambio e innovación y halló en aquella joven llamada Julia una actitud moderna y rompedora con los tradicionalismos: Julia fue su femme fatale. La retrató una y otra vez.


Pero no fue a la única: Casas fue un grandísimo retratista. Se acercó a este género con Carolus Duran en París a principios de la década de los años 80 y no lo abandonó jamás. Comenzó retratándose a sí mismo y a sus amigos y familiares, y fue convirtiéndose en el principal retratista de su época. Con sus retratos, ya fuera con pincel, lápiz o carbón, una vez más, compuso una crónica de su tiempo.

Pompeu Fabra, Francesc Cambó o Felip Pedrell son algunos de los personajes inmoratlizados con el carbón de Ramon Casas. Al final de su carrera, ya con el mercado norteamericano abierto gracias a su amigo Charles Deering, el retrato le permite disfrutar de una carrera consolidada, mostrando gran solvencia y dominio técnico, pero ya sin experimentar.


La dicha exposición ofrece también la posibilidad de bucear en los estudios técnicos de determinadas obras del artista, analizadas a través de reflectometría infrarroja que permite descubrir la huella de dibujos preparatorios en los lienzos, los recursos de composición o el daño sufrido por el material con el paso del tiempo. Una interesante aportación para conocer mejor al pintor de la vida moderna.