¿Conoces a la extraña comunidad de los menonitas?

Los llamados menonitas del viejo orden poseen costumbres similares a las de los Amish, evitan el uso de todo tipo de tecnologías.

¿Conoces a la extraña comunidad de los menonitas? Viven alejados de las grandes ciudades y trabajar para su subsistencia. Rehuyen de la violencia y abrazan el pacifismo.

Sin luz eléctrica, televisión o radio, sus hogares transportan a los inicios del pasado siglo. Entre sí hablan un dialecto del alemán denominado «plautdietsh», cuyo significado es «alemán bajo», aunque en las escuelas se estudia el idioma oficial de Alemania.

Hombres y mujeres rubios de alta talla y de ojos claros, vestidos todos iguales, viajan con calma en sus carretas con ruedas de metal bordeando ordenadas viviendas de color blanco, cada una con su propia parcela para el cultivo.

Las mujeres usan largos vestidos y se cubren el cabello con pañuelos y anchos sombreros, mientras que los hombres llevan todo el tiempo los típicos mamelucos vaqueros para el trabajo en el campo. Bidones de leche esperan en la puerta de cada hogar para que la cooperativa que organiza la economía de la comunidad las lleve a la fábrica de quesos comunitaria.

Países de América Latina como Bolivia, Paraguay o México albergan asentamientos de menonitas: estas sorprendentes colonias de miembros del movimiento cristiano anabaptista que rechazan, por ejemplo, los coches o el consumo eléctrico o de alcohol. Aunque sus miembros suelen rehuir a los fotógrafos, les mostramos a continuación una galería de imágenes que nos muestra su vida cotidiana.

Los menonitas son una rama anabaptista del cristianismo que reniega abnegadamente de la sociedad de consumo. Sus colonias se encuentran principalmente en América Latina, Asia y África.

¿Conoces a la extraña comunidad de los menonitas? Los menonitas parecen estar anclados en el siglo XVI, con los hombres trabajando del sol a sol en el campo y mujeres cuidando de familias muy numerosas, cuyos vástagos apenas tienen pasatiempos.

«Lo que de verdad me sorprendió de ellos fue la falta de pasatiempos: la música y los juegos están prohibidos», confiesa el fotógrafo barcelonés Jordi Ruiz Cirera, quien se ganó su confianza y los logró fotografiar durante un viaje a Bolivia realizado entre 2011 y 2012.

Según su testimonio, en los asentamientos solo hay una iglesia y una tienda, pero no existen cafés ni restaurantes, como tampoco campos de fútbol, parques o jardines. La vida allí es plácida y previsible y se reduce a trabajar y cuidar de la familia.

«No tienen la ambición, la ansiedad por el futuro o por lo material que rodea a la sociedad en la que vivimos, lo cual es bastante interesante», asegura el artista.

Su religión es muy restrictiva: no pueden ponerse al volante de un coche ni hacer uso de la electricidad. Tampoco pueden consumir drogas o alcohol ni hacer uso de anticonceptivos.

Pese a ser una comunidad cerrada, los visitantes de los asentamientos de menonitas los describen como muy hospitalarios y curiosos. Les interesa lo que ocurre más allá de sus colonias.

«Les da un poco igual, y creo que en realidad desprecian un poco esta sociedad que les envuelve e inevitablemente les influye», señala Ruiz Cirera.

Conseguir fotos de la hermética comunidad es complicado, «pues en principio la fotografía está prohibida por su religión porque puede conllevar el pecado de la vanidad», recuerda el fotógrafo español.

¿Conoces a la extraña comunidad de los menonitas? Por Jose Luis Gonzalez