Cuando Massive Attack era lo más cool del mundo

Hace 27 años, Massive Attack sortearon la prueba del segundo disco con Protection, aparecido justo entre medio de los debuts de Portishead y Tricky, el momento en el que la prensa empezó a hablar de trip hop y los oídos del mundo le prestaron atención a Bristol.

Cuando Massive Attack era lo más cool del mundo. Los integrantes de Portishead odiaban que su música fuese considerada elegante y sofisticada, y que sonara de fondo en eventos sociales de gente con ganas de parecer cool o que les pidieran licenciar sus canciones para escenas de sexo en películas.

Su idea al grabar era que luego su trabajo reventara parlantes, ojalá con los bajos a la máxima potencia. Que fuese como el dub en un soundsystem al medio de una calle en Jamaica. Ni siquiera en su proceso de trabajo, que implicaba grabar instrumentales, prensarlas en vinilo y luego acelerar el añejamiento de los discos a través del maltrato (literal: los usaban de skate por el piso del estudio), había tanta finura como se cree.

Tampoco había mucho glamour en el nombre iniciático del sonido Bristol, Massive Attack, igualmente incomprendidos pese a su popularidad y aceptación. En 1991, un año que se asocia al grunge tal como el 77 al punk, debutaron amalgamando géneros con Blue lines y se convirtieron en la gran revelación de la temporada.

Nadie hablaba de trip hop aún, pero, una vez acuñado el término a mediados de la década, el disco sería incorporado a su canon como la piedra angular. Con un clásico instantáneo a su haber, la espléndida «Unfinished Sympathy», una hazaña orquestal rematada por la suprema voz de Shara Nelson, Massive Attack puso a Inglaterra a sus pies.

Llegado el ciclo de su segunda entrega, Protection, ni siquiera podían sentarse a ver tranquilos los partidos del Mundial del 94 porque todo el mundo los andaba buscando, desde la prensa hasta Madonna, con la que terminaron colaborando en un soberbio cover de «I want you» de Marvin Gaye. Nada era más cool que Massive Attack, iniciadores de una excitante movida, con el debut de Portishead ya en las estanterías y el de Tricky (su colaborador) en camino.

Nada mal para un proyecto nacido de sus andanzas callejeras en una ciudad multicultural. Los integrantes del entonces trío venían de pasar juntos su adolescencia como parte del colectivo Wild Bunch, inspirado por la cultura soundsystem jamaiquina y los orígenes del rap en Nueva York.

Protection supuso un desafío. Se trataba del difícil segundo disco, la prueba de fuego de un grupo hypeado hasta decir basta, con la presión de responder a las expectativas. Para colmo, la prensa musical inglesa, todavía influyente en los noventa, se caracterizaba por levantar nombres para luego trapear el piso con ellos.

Además, Shara Nelson los había dejado para emprender una carrera en solitario. ¿Cómo lo resolvieron? De la misma forma en que empezaron: echando mano a su acervo. Había, en efecto, suficiente profundidad para seguir la excavación. Al momento de hacer nuevas canciones, sus diez años de amistad y melomanía compartida terminaron pagando en oro.

Dada su formación musical, nutrida por la cultura de los clubes, donde se busca el goce comunitario desprovisto de adoración hacia una figura, la entrada o salida de miembros nunca fue un tema en Massive Attack, que ni siquiera se consideraban a sí mismos una banda, sino más bien una idea. Por lo mismo, tampoco sucumbieron, como tantos otros, ante el peso de la situación en la que estaban, una instancia a la que nunca se imaginaron llegar luego de una juventud de arte casi vandálico organizando fiestas ilegales y aspirando pegamento. A la pérdida de Nelson reaccionaron trayendo a Nicolette, una Billie Holiday en ácido como la describía 3-D. Maravillados con ella, grabaron junto a una orquesta de 18 músicos la canción «Sly», hermanada con «Venus as a boy» de Björk, con quien compartían al productor, su viejo amigo Nellee Hopper, otro egresado del Wild Bunch.

El downtempo marihuanero nunca ha sonado mejor que en «Protection», el sobrecogedor single que hicieron junto a Tracey Thorn de los subvalorados Everything But the Girl, una de las ídolas de Kurt Cobain por su trabajo con Marine Girls y también excepcional como solista; en suma, un personaje tan entrañable como su voz.

Massive Attack, que en buena medida siempre fue un acto de curatoría, nunca fallaba a la hora de elegir colaboradores. Los guiaba el buen gusto de sus educados oídos, un criterio que en su debut generó alianzas en las que volvieron a confiar. Las reapariciones del prometedor Tricky y de la leyenda jamaiquina Horace Andy, que en ningún otro contexto hubiesen compartido créditos en el mismo disco, solidificaron su prestrigio de hábiles selectores.

Si bien Mezzanine fue un remezón estilístico más fuerte, Protection en ningún caso es una secuela de Blue lines. «Más que su hermano, es como un primo raro en segundo grado», bromeaban los ingleses en sus entrevistas de la época.

El disco se distinguía por contener menos rap que el primero, enfocarse en la programación por sobre los samples y los breaks, y emanar un aire más cinematográfico, casi como si fuese una banda sonora huérfana a la espera de su película. Húmedo y oscuro, aun así el disco tenía humor.

Entusiasmados con la idea de pedirle a Horace Andy que grabaran un cover de «Light my fire», luego de años escuchándolo probar sonido con el tema, Massive Attack se desternillaron de la risa al enterarse de que Andy jamás había oído a los Doors y ni siquiera sabía quiénes eran. La versión acústica de José Feliciano era tan popular en Jamaica, que el cantante pensaba que le pertenecía al boricua y modeló su interpretación en base a ella.

Texto: Andrés Panes (Para http://www.latercera.com)

WEB