Visión actual sobre el arte y el marco social de Volker Hermes

En “Hidden Portraits”, por ejemplo, me interesa mirar una pintura histórica desde un punto de vista contemporáneo. Nuestra visión actual sobre el arte y el marco social ha cambiado completamente en comparación con los siglos anteriores. Hoy en día, vemos los retratos en los museos y no sabemos por qué se hicieron o qué códigos se ocultan en la ropa y en las posturas de los protagonistas. Al modificar los retratos, pongo eso en evidencia. Esto solo es posible editando archivos de fotos, y obteniendo como resultado otra foto, aunque me considero pintor.

El COVID-19 ha transformado el cubrirse el rostro en un acto de salud pública para disminuir la propagación del coronavirus. Sin embargo, no deja de ser irónico que en Chile, hace solo unos meses atrás, el senado aprobara la famosa “Ley Anticapuchas”, una ordenanza que dicta condenas de hasta tres años de cárcel a todo aquel que cometa “desórdenes públicos” ocultando su rostro detrás de una capucha o cualquier otro instrumento. Un vuelco inesperado que no hace más que confirmar que la amenaza nunca fue la capucha, sino lo que ésta significaba. Precisamente, el poder que tiene la capucha y el anonimato es la base del proyecto “Hidden Portraits”, del artista Volker Hermes (1972), una serie que modifica los rostros de pinturas clásicas para cubrirlos de distintas maneras.

Volker creció en Wegberg, Alemania, un sitio, según él, ideal para estimular la imaginación y la creatividad como formas de entretención. Algo que, sin embargo, terminaría por perder su magia con el paso del tiempo, obligándolo a escapar a la gran ciudad para estudiar en la Academia de Bellas Artes de Düsseldorf. En ese entorno se sintió libre y logró identificarse como pintor, siempre manteniendo su interés por la historia, la ciencia y la sociología, temas que explora por medio de un lenguaje formal propio.

“Vemos los retratos en los museos y no sabemos por qué se hicieron o qué códigos se ocultan en la ropa y en las posturas de los protagonistas”

Por la cara podemos reconocer la individualidad de la persona, ya que las expresiones faciales son nuestro primer punto de contacto al conocer a alguien. La cara nos identifica, nos ‘desenmascara’. Al ver los retratos en los museos, solemos enfocarnos en las caras y, tal vez, admirar un poco la ropa u otras cosas, pero la intención original de estos retratos iba mucho más allá. La ropa y la postura de los sujetos eran una parte esencial, a veces incluso más importante que la misma cara del individuo. En esos tiempos las pinturas eran un lujo y solo las personas más ricas eran retratadas. De hecho, este es el problema cuando hablamos de historia del arte, por mucho tiempo el arte solo representó a la élite, que es la que vemos ahora en los museos, eso nos hace pensar que antes todos eran y vestían así.

Eso es, precisamente, lo que pongo en evidencia en mi trabajo, cubro completamente los rostros y dejo a la vista el “glamour” y el lujo de los entornos, la indumentaria y las telas. Al hacerlo, descubro esas tensiones sociales y religiosas, relacionándolas con códigos fetichistas y de tono erótico.

“Descubro esas tensiones sociales y religiosas, relacionándolas con códigos fetichistas y de tono erótico”