¿Estás listo para que tu jefe sea un algoritmo?

El trabajo en casa sólo incrementará la presencia de la vigilancia y el poder de los algoritmos

Una de las obvias consecuencias de la pandemia ha sido una transición del trabajo hacia formatos online que pueden realizarse desde casa. Esto no sólo ha sido una solución emergente sino más bien la continuación acelerada de un proceso en marcha de mecanización y automatización laboral.

Muchas personas descubrirán que el formato online de su trabajo llegó para quedarse, ya sea que trabajen desde casa aun cuando termine la pandemia o que, por lo menos, muchas de sus reuniones sean digitales o muchos procesos que antes eran presenciales ahora sean sustituidos por formas de administración informática.

En primera instancia se podría creer que el trabajo en casa podría tener la ventaja de permitirle al trabajador mayor libertad y mayor privacidad. Sin embargo, lo que sucederá será lo contrario. Si bien un trabajador podrá quizá tener mayor flexibilidad en las horas que decide trabajar y no tendrá que interactuar en persona con su jefe y sentir su presencia en la oficina, se multiplicarán en gran medida de los mecanismos de vigilancia y evaluación.

En un interesante artículo, David Banks explora el nuevo estado de la fuerza laboral en la era de la pandemia y el tele-todo. Banks sugiere que si algunos empleados estaban ya preocupados por ser reemplazados por robots o algoritmos, deberían preocuparse más por el hecho de que sus jefes serán reemplazados por bots.

Hasta la fecha han sido sólo algunos trabajadores los que dependen de algoritmos y métricas de evaluación automatizadas. Por ejemplo, los conductores de Uber, pero ahora muchos más se verán incrustados en una dinámica similar. Esto es evidenciado por las plataformas que son ahora llamadas a administrar el trabajo remoto, entre ellas, Zoom, Microsoft, Cisco y Slack. Estas plataformas están diseñando su software y su marketing para atraer a los jefes y a las instituciones que manejan a grandes cantidades de trabajadores Muchas de las plataformas no sólo tienen ya la capacidad de cuantificar numerosos aspectos del trabajo del empleado, sino que ofrecen mecanismos para que un supervisor –el cual puede ser simplemente un bot– vigile diferentes aspectos de la conducta de un subalterno. En otras palabras, para que se espíe al trabajador bajo la premisa de mantener la productividad.

Aplicaciones como las mencionadas llegan a permitir que los jefes lean los mensajes de los empleados en los servicios que son pagados por la compañía. Zoom, hace poco, probó un servicio que permitía hacer un tracking de la atención que ponían los empleados en una reunión. Microsoft Teams permite a los jefes ver lo que los empleados están haciendo en ciertos documentos sin que estos sepan y tiene toda una serie de funciones que permiten jerarquizar la labor y el acceso a la información.

Banks señala que apps como Slack pueden convertirse, más que en “soplones” que denuncian los comportamientos de baja producción de los empleados, en una especie de Robocops del trabajo, “automatizando todo, desde contrataciones a despedidos hasta reseñas de desempeño” e incluso reportes del estado de ánimo de los trabajadores.

Otra cuestión importante que ya está siendo implementada es la capacidad que tienen estas apps para disolver la asociación de la fuerza laboral en sindicatos o grupos de descontento que exigen mejores condiciones. Por una parte, esto es simplemente parte del medio: trabajar en casa aísla a los empleados y elimina el contacto humano que puede reforzar el sentido de rebeldía y la inspiración de la protesta. Por otra parte, y de manera más perversa, estas aplicaciones pueden detectar y hasta predecir cuando existe riesgo de que se forma una célula de descontento. Amazon, por ejemplo, ya usa un algoritmo para detectar cuando alguna de sus tiendas de Whole Foods corre el riesgo de unirse sindicalmente.

Banks nota, citando a David Noble, que la automatización del trabajo no sólo se trata de incrementar la producción y hacerla más eficiente, sino, sobre todo, de otorgar más poder a los administradores y debilitar y hacer más dócil al trabajador.

En un futuro cercano tu jefe podría ser un bot, un algoritmo que decide si tu trabajo es suficientemente bueno como para seguir mereciendo un sueldo. Un bot que vigilará todos tus movimientos en la plataforma, que comparará todo lo que produces con lo que producen lo demás y que estará supuestamente libre de todo sesgo. Pero esto es sólo el principio, pues acaso también los jefes y los mismos dueños de las plataformas ya están en camino de ceder e control ejecutivo a los algoritmos y dejar que estos decidan.

Esto también es algo que la pandemia ha revelado, al menos según los gigantes de la tecnología: que el ser humano no es capaz de manejar la complejidad del mundo moderno. Así que tendremos primero ciudades puestas a punto por empresas como Google y sus inteligencias artificiales. Y quizá no sea mucho después cuando el mismo mundo sea gobernado por algoritmos y bots inteligentes en los que el ser humano verá una especie de nueva deidad en la cual depositar su fe y su responsabilidad.

Fuente: Pijamasurf