Tres estudiantes españolas crean un plástico biodegradable hecho con harina y algas

Victòria Dugo, Alèxia Còrdoba y Cristina Bros son aún estudiantes de primero de bachillerato, pero estas tres mujeres han ganado ya varios certámenes científicos internacionales por su descubrimiento

El novedoso material podría utilizarse para producir objetos como botellas, vasos, bolsas e incluso juguetes y otros artículos. La base de la fórmula con la que está hecho son productos tan baratos y al alcance de cualquiera como la harina y las algas y el resultado un plástico que se descompone sin dejar rastro alguno. 

Además de esta prioridad que es cuidar el planteta, el invento tiene las ventajas añadidas de tener un atractivo color y la capacidad de deformarse sin romperse. Han ido perfeccionándolo desde que lo presentaran hace un año, aunque por el momento, ninguna empresa se ha interesado por él. 

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Iker Urteaga

Lo que sí les ha servido como comentábamos es para hacerse con el primer premio de Exporecerca, que a su vez les permitió viajar y ganar el certamen de ciencia y tecnología MCTEA, celebrado en Brasil. Su clasificación en esta convocatoria les llevará, el próximo mes de junio a Nueva York para participar en las Genius Olympiad.

La idea surgió estando en cuarto de la ESO, cuando a Victòria le dieron en el supermercado una bolsa fabricada con fécula de patata y se preguntó por qué no todavía no se havía inventado un material alternativo al plástico. Cuando su instituto convocó un certamen científico y tecnológico, se juntó con sus compañeras para inventar esta opción y presentarse. Su única motivación es la de aportar soluciones ante la emergencia climática que vivimos y conseguir que el sistema sea más sostenible.

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Javardh

No tienen ningún tipo de ambición econónmica y ni siquiera se plantean dedicarse a la investigación científica, ya que las tres quieren estudiar medicina. Tan solo responde a una inquietud y responsabilidad medioambiental que les ha llevado, siendo tan jóvenes, a reflexionar y actuar sobre la situación actual.

Empezaron por informarse de los materiales existentes para llegar a la conclusioón de que lo mejor era apostar por recursos locales y un año más tarde, después de mucho trabajo y esfuerzo están trabajando en la bolsa que llevarán a Nueva York.

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Karina Tess

Según datos de la ONU, cada minuto se compran un millón de botellas de plástico y se usan al año 500.000 millones de bolsas del mismo material. Esto se traduce en ocho millones de toneladas de plástico que acaban en los océanos cada año con todo lo que ello conlleva. 

“De momento no se ha presentado esa oportunidad pero evidentemente estamos dispuestas a que nos ayuden expertos en la materia, que saben mucho más que nosotras, para juntos conseguir la mejor fórmula posible”, explica Victòria. “Si nosotras vamos proponiendo ideas también predicamos con el ejemplo y esto anima a otros jóvenes y también adultos a hacer cosas parecidas. Creo que así poco a poco vamos poniendo nuestro grano de arena para conseguir un mundo mucho más sostenible”, afirma Alexia en declaraciones a La Vanguardia.

h/t: Trendencias/ La Vanguardia