Joan Brown: Las mujeres que se representan a sí mismas a través del arte demuestran empoderamiento

Su retrato destaca no solo porque Joan Brown es una artista talentosa sino porque las mujeres que se representan a sí mismas a través del arte demuestran empoderamiento. La pieza de Brown también es distinta porque crea su lugar en su propio estudio y, por lo tanto, reivindica su derecho a ser artista. La idea de poder pintarse, verse sin considerar los ojos de los demás, es radicalmente poderosa.

¿Por qué no son más las mujeres que pintan autorretratos? Quizás sea porque a las mujeres se les enseña a verse a través de los ojos de los demás, ya sean hombres o niños o incluso otras mujeres. A las mujeres se les enseña a pensar cómo se ven, pero no se les anima a pensar en quiénes son en realidad. Compramos ropa favorecedora, invertimos en correctores de calidad desde una edad temprana, investigamos cómo eliminar mejor nuestras estrías y bolsas debajo de los ojos. Nos teñimos las canas, usamos Spanx debajo de nuestros vestidos y sonreímos en todo momento para ocultar el dolor causado por las ampollas de nuestros malditos tacones. Pintar un autorretrato requiere horas, posiblemente cientos de horas, de confrontar la propia imagen sin ninguna de estas muletas o mentiras. El autorretrato de una mujer, por lo tanto, desafía una cultura de abnegación. Es el acto de reclamar cuerpos que se nos ha enseñado a ceder a otros y declarar que somos dignos de ser el sujeto del arte en lugar de su objeto.

ENG: Her portrait stands out not only because Joan Brown is a talented artist but because women depicting themselves through art is such a rare form of empowerment. Brown’s piece is also distinct in that she creates her place in her own studio, therefore claiming her right to be an artist. The idea of being able to paint oneself, to see oneself without considering the eyes of others, is radically powerful.

Why don’t more women paint self-portraits? Why doesn’t the YUAG display more of them? Perhaps it is because women are taught to see themselves through the eyes of others, whether they be men or children or even other women. Women are taught to think about how they appear but are not encouraged to dwell on who they actually are. We purchase flattering clothing, invest in quality concealer from a young age, research how to best remove our stretch marks and under-eye bags. We dye our gray hairs, we wear Spanx under our dresses, and we smile at all times to hide the pain caused by the blisters of our damn high heels. To paint a self-portrait requires hours, possibly hundreds of hours, of confronting one’s own image without any of these crutches or lies. The self-portrait of a woman, therefore stands in defiance to a culture of self-abnegation. It’s the act of reclaiming bodies that we have been taught to cede to others and declaring that we are worthy to be the subject of art as opposed to its object.