La regla crítica | La separación de joderes

La indiferencia filosófica por el equilibrio pervierte la felicidad y me vuelvo Locke solo de pensarlo, sin necesidad de ingerir gabapentinas para el alivio de mis dolores neuropáticos. El poder tiende a su abuso egocéntrico de manera congénita, crece déspota entre los cañones y desfiladeros, se reproduce tirano a base de joder la libertad de los ríos y solo muere si le asesina el propio poder. Vive entre joderes divididos que se aman en descabelladas orgías a puerta cerrada, legislando entre uvas y felaciones maltrechas, ejecutando las leyes del kamasutra y encargándose de que los ciudadanos las respetemos mientras preparan su cena a base de callos y callinas. No se les descompone la olla por un garbanzo ni se les tapa el culo con la misma legumbre, qué va, ni por asomo, ni de coña y lo sé. Te cortan el vientre en tiras y el chorizo en rodajas, te sacan el tocino y te convierten las piernas en patas para herirte sin hervirte en sus ollas caníbales, de oro macizo, aromatizadas con incienso y untadas con mirra para anestesiar el sufrimiento. No es siniestro preguntarse qué es el ser, qué es la esencia, qué es la nada, qué es la eternidad, si somos alma o si somos materia, es rigurosamente total. Arriba y abajo, alto y bajo, juntos y separados, izquierda y derecha, dentro y fuera, grande y pequeño, unidos y divididos, abierto y cerrado, blanco y negro, gordo y flaco, pollo y polla, coño y coña, epi y blas, sota, caballo y rey, sopa, verdura y carne, sin tener carta blanca y con ellas sobre la mesa, sin ases en las mangas y cantando las cuarenta, sin órdagos ni faroles. Y corto el pan respetando los sabores del trigo, del maíz y del centeno, a cuchillo, cogiéndolo por el moño y apoyándolo en mi pecho de mandil, para bañarme de harinas y salpicar el mantel con las migas amigas, para mojar la salsa y no dejar ni gota, para restregarlo y sacarle brillo al plato, y convierto el agua en vino tinto para comer con la humildad que merecen las recetas humildes de los pueblos vaciados, cuidando la salud y el estado de los principios, saboreando los valores vecinos de las chimeneas encendidas y sin importarme un carajo los juegos trileros de un Estado que se duerme entre las sábanas del joder legislativo, el joder ejecutivo y el joder judicial. Y eructo sin reparos.

Text & photo by Carlos Penas