El extraño e inquietante “absurdismo hiperrealista” de Beau White

Un caracol se sienta en una helado a poca distancia de la boca de un hombre mientras chupa voluntariamente el frío sabor a naranja dulce de su polo. Es una imagen totalmente perturbadora pero grotescamente humorística: un fragmento de pesadilla, un miedo que provoca un escalofrío de inquietud en el espectador. Este es solo uno de los muchos lienzos extraños y oscuramente fantásticos pintados por el artista australiano Beau White.

Desde la infancia, White ha dibujado o pintado imágenes igualmente absurdas y misteriosas. Describe su arte como “absurdo hiperrealista”. No reclama una “gran visión o declaración” para su trabajo, sino que quiere “pintar tonterías y rarezas en varias formas para mi propia satisfacción y cualquier otra persona con inclinaciones similares”.

No hay nada particularmente filosófico sobre mi arte en el sentido conceptual. Hay temas y narraciones que son relativamente simples y obvias, con el foco principal en lo ridículo.

Aunque evito tomar el tema de mi trabajo demasiado en serio, dedico mucho tiempo, consideración y esfuerzo mental a mi proceso creativo. Ahí es donde obtengo el mayor significado en mi arte.

Una de sus piezas emblemáticas, “Thirst” de 2015, muestra a una mujer (su compañera Isabel Peppard) cubierta de arcilla seca que emerge de una maleza húmeda que presenta una sanguijuela brillante enorme y horrible acunada en sus brazos. Los artistas como los escritores tienden a traicionar sus propias emociones en su trabajo. Cuando White era un niño, solía nadar en el arroyo local que estaba infestado de sanguijuelas sedientas de sangre. Fue el comienzo de una fobia que ha permanecido toda su vida. Sin embargo, White prefiere que su audiencia derive sus propios significados e interpretaciones de su trabajo en lugar de que se les diga cómo deberían o no pensar o sentir al respecto.

ENG: WELCOME TO MY NIGHTMARE: THE STRANGE AND DISTURBING ‘HYPERREALIST ABSURDISM’ OF BEAU WHITE

A snail sits on a popsicle within kissing distance of a man’s mouth as he willfully sucks out the confection’s chilly orange flavor. It’s an utterly disturbing yet grotesquely humorous imagea fragment of a nightmare, a half-remembered fear that causes a shudder of unease in the viewer. This is just one of the many strange and darkly fantastic canvases painted by Australian artist Beau White.
Since childhood, White has drawn or painted similarly absurd and uncanny images. He describes his art as “hyperrealist absurdism.” He claims no “grand vision or statement’ for his work, but rather wants to “paint silliness and weirdness in various forms for my own gratification and anyone else with similar inclinations.”

There is nothing particularly philosophical about my art in the conceptual sense. There are themes and narratives that are relatively simple and obvious, with the main focus being on the ridiculous.
Although I steer away from taking the subject matter in my work too seriously, I do spend a serious amount of time, consideration and mental exertion on my creative process. That’s where I derive the most meaning in my art; In the doing, not the discussion that follows.

One of his flagship pieces, “Thirst” from 2015, depicts a woman (his partner Isabel Peppard) covered in drying clay emerging from some dank undergrowth presenting a hideously huge shiny leech cradled in her arms. Artists like writers tend to betray their own emotions in their work. When White was a child he used to swim in the local creek that was infested with bloodthirsty leeches. It was a start of a phobia that has remained all his life. However, White prefers his audience to derive their own meanings and interpretations from his work rather than be told how they should or shouldn’t think or feel about it.