La mirada de Imogen Cunningham

Imogen Cunningham pone de manifiesto en su obra algo aparentemente muy sencillo: el cuerpo de la mujer es un envoltorio más de un ser humano. La fotógrafa retrata el desnudo de los cuerpos humanos mostrando el carácter atributivo que en realidad tiene el despojo de la ropa y, figurativamente, de todo aquello que nos pesa, condiciona y prejuzga. Cunningham protagoniza con esta serie una “búsqueda apasionada de la forma y la belleza” como explica su nieta, Meg Partridge.

Pero quizá el aporte más significativo de la manera de concebir el desnudo por parte de Cunningham es su tratamiento transgénero, que supone un avance importantísimo en la historia de la fotografía artística y del arte en sí mismo. El desnudo tiene mucho que ver con el contexto y la intención, y la fotógrafa estadounidense supo revelar a sus compañeros y al mundo que en el arte el cuerpo de la mujer no tiene por qué ceñirse a sugerir sexualidad, representar divinidad o simbolizar procreación. Imogen Cunningham pone de manifiesto en sus fotografías el valor y la belleza del cuerpo en sí mismo.

Todo ello realizado con una técnica y arte fotográfico notable, donde también entra en juego la relación que mantenía con sus modelos, pues todos eran amigos o familiares, solo pagó a una modelo al principio de su carrera. Como dice su nieta “muchas veces, fueron los estudiantes de su clase, sus viejos amigos o las novias de los asistentes fotográficos quienes fueron sujetos de los estudios de desnudos de Imogen”.

Imogen, la primogénita de dos granjeros de Portland, se convertiría en una de las primeras fotógrafas en trabajar profundamente el cuerpo humano. Muchas de las imágenes reflejan la modernidad de su obra mediante la iluminación y composición de detalles escultóricos del cuerpo y formas sensuales. Fotografió a mujeres embarazadas, resaltando el detalle de sus curvas. En los años 90 la famosa fotógrafa Annie Leibovitz mortalizó a Demi Moore embarazada y la fotografía se convirtió en un escándalo mediático; pero Imogen Cunnigham ya había trabajado antes con esa imagen cuarenta años antes.

Imogen, nombre que su padre la puso por la heroína de “Cimbelino” de Shakespeare, decidió ser fotógrafa en 1901, influenciada por la fotógrafa Gertrude Käsebier. En 1907 se graduó en Química con una tesis sobre el proceso químico de la fotografía. En 1909 se trasladó a Alemania para estudiar en la Technische Hochschule de Dresde.