La regla crítica | Sintelectuales

Foto: Carlos Penas

Blas escupió en el centro de la Tierra sin contar con Epi. Vomitó lavas, desprendióse de las babas y concibióse más intruso que nunca, viviendo un exilio autoimpuesto en los márgenes de la sociedad. Sintióse cómplice de Edward Said y nauseó su suciedad hasta la saciedad. Partióse en dos y lanzóse al pensamiento de los que intentan transformar el nivel intelectual de los demás, manipulándolos por caer en un populismo barato y en el paternalismo condescendiente y de mal saborío. Refirióse para sus adentros al hecho de reducir al máximo la libertad y ampliarla a la mínima expresión y renováronse pues las arcadas entre el estómago y el esófago porque estaba en razón Blas y, diciéndose, haciéndose y vaciándose quedóse dormido sin sueño y despertóse siendo conocedor de que el ejercicio del poder se basa solamente en la conciencia del mismo. El conocimiento de la naturaleza no es automático, gritóse y enfadóse consigo caminando, caminando, caminando, y a poco trecho descubrió el vacío de las y de los que gritan entra, entra, entra, piensa, piensa, piensa, sufre, sufre, sufre, juega, juega, juega, ocho, ocho, ocho, de las y de los que te cobran por una puta bolsa de plástico, de las y de los que se pasan las hemerotecas por el culo al ras del papel elefante y elefanta, de los que se frotan los cojones con las leyes y de las que rascan los coños con las mismas. Contrarióse así Blas al pensar que acabarían lamentándose de las fortunas que ellos mismos fabricaban y sintióse compungido por culpa de los hombres malditos y desvergonzados. Apagóse entonces la luz natural de un suspiro y tuvo a suerte disponer de una linterna de cuatro focos que se apresuró a encintar en su cabeza, rodeóse la frente sin importarle ni el cabello ni las orejas y atrevióse a entrar en los rincones más oscuros hasta llegar a una sala baja donde se organizaba el mal vivir y convivían en virtuosa compañia puteros, putas, chulos, rufianes, dictadores, corruptos, culebras y gusanos, sanguijuelas sin sangre, ratas, traidores, chivatas y chivatos, mentirosos, cagalindes y petimetres, crapulosos y fantoches, imbéciles, cabrones, violadores y maltratadores, pederastas e hijos de puta, arriba y abajo, izquierda y derecha. Arrojóse líquidos encima del tester digital y lanzóse Blas a la carrera sin mirar atrás, cerrando la puerta, sin tropezar con los cables y sin importarle todo un carajo.

Texto y Fotografía: Carlos Penas