¿Por qué la gente es mala?

Mica Popovic Art

En toda mi vida habré hecho unas 400 o 500 entrevistas. Sí, es parte de mi trabajo, ese que ejerzo cuando no soy escritor. Confieso que siempre me han gustado, aunque me agotan. Empecé por casualidad y con el paso del tiempo se ha convertido en una actividad profesional completa. Si has leído “11,4 sueños luz“, igual ahora te explicas algunas cosas. Igual también te interesa leer otro artículo que escribí hace mucho, mucho tiempo sobre mi relación de amor/odio con los psicópatas, en “Mi amigo de la infancia era un psicópata” que tiene mucho que ver con mi tema de hoy.

Tengo una virtud y es que siempre veo el lado bueno de las personas. Siempre. Soy de capaz de enamorarme de eso que hace especial y único a cada individuo y me enamoro con una facilidad terrible. Supongo que es lo que me hace particularmente bueno como entrevistador, ser capaz de ver la magia bullendo bajo las uñas sucias. Sin embargo, como contrapartida a mi superpoder tengo un gran defecto: no veo la maldad, forme sonrisas o se oculte como manadas de piojos en la cabellera rizada de su portador. Siempre se esconde a mis ojos, disfrazada de algo. Soy incapaz de verla.

Con los años, una y otra vez he caído preso del hechizo de la virtud. Diferentes personas, pero el mismo maleficio. Sé que soy la víctima perfecta, creo que es genético, a mi hermana le pasa lo mismo. Con los años he construido varias capas de coraza  para protegerme de ellos, porque como los psicópatas, la gente malvada reconoce de lejos a sus víctimas más fáciles. Da igual la protección, el hedor de la maldad atraviesa cualquier poro, como la humedad, que tarde o temprano cala cualquier pared si el aislamiento no es perfecto.

Profesionalmente he construido un sistema de selección que apoyado en otras personas y en diferentes pruebas de evaluación psicológicas, me permiten detectar algunos indicadores sospechosos, pero todavía no he dado con el test perfecto que determine si alguien está podrido por dentro. El día que lo haga, prometo escribir un libro sobre ello. Todos hemos sido alguna vez víctimas de gente que deja heridas imborrables a su paso. Todavía no tengo solución para ese problema, pero si que puedo hablar de algunas de las características de la gente malvada. Espero que te sirva de ayuda.

El vídeo que ilustra este artículo es perfecto para hablar del mal. Mask Makers: “Liars”, escúchalo de fondo mientras lees…

ESTUDIO DE LA MALDAD, POR NICHOLAS AVEDON

La primera característica de la maldad es que nunca la ves venir, porque siempre se disfraza de algo que nunca creerías que es maldad, por eso cuando te pilla, lo hace de lleno.

Hay una razón por la cual se esconde tan bien, la misma razón por la cual existen mentirosos indistinguibles de un santo: porque creen en sus mentiras a pies juntillas. Alguien malo pensará que no es malo, que el malo es otro, probablemente tú. Aunque tu eso todavía no lo sabes, todavía estás conociéndole, a él (o ella) y sus desgracias. Son personas que parece que han tenido mala suerte, víctimas de alguna injusticia o del comportamiento de terceras personas, que por suerte para ellos, no conoces. Con el tiempo entenderás que hay otra versión de la historia, y que muchas veces, sus males son consecuencia directa de sus actos.

La segunda característica de la maldad es que siempre tiene una justificación.

Una persona malvada, realmente malvada, refleja en los actos de los demás sus propias proyecciones. Verá el mal a su alrededor en forma de abusadores, maltratadores o gente que utiliza su poder para dominar a los demás. Su reacción ante el mal ajeno puede ser incluso de justiciero, pero en cualquier caso siempre mostrará su tercer rasgo, el odio. Una mala persona siempre tiene una justificación para sus actos, sean los que sean, y no verá maldad en ellos, sino una reacción comprensible y justificada.

La tercera característica de la maldad es su capacidad innata para el odio visceral y sin lógica.

Puede que como no tengan todavía confianza contigo se muestren cautos y ecúanimes en sus primeros juicios de valor, pero pronto las pequeñas críticas y los comentarios irónicos irán mas lejos. No contra ti sino contra otras personas, que  poco a poco irán recibiendo dosis cada vez más altas de odio y agresividad. Fíjate como les brilla los ojos y la saña que destilan en sus comentarios. Puede que tú mismo creas que es una broma o una exageración, pero no, hay odio en sus comentarios. Odio absurdo y sin lógica, un odio desmedido contra personas concretas. Ese odio irracional que tarde o temprano se volverá contra ti. Ese odio se alimenta a sí mismo y no necesita testigos o compañeros de aventura, ese odio le alimenta. No te lo tomes a broma, es real. El odio, el desprecio y la inhumanidad más fría es innato en ellos. Pueden ser tiernos con un  cachorro, pero actuar con una crueldad sin límite con una persona cualquiera.

La cuarta característica del mal es que quiere controlarlo todo, empezando por la imagen que proyecta en los demás.

A esos que todavía no conoces, de los que todavía no has visto su verdadero rostro, no les gusta mirarse al espejo, porque como los vampiros, saben que los espejos no mienten. Solo ellos pueden ver su verdadero rostro, por eso no se miran o no les gustan las fotos, a no ser que sean fotos que ellos mismos preparen. Nunca les pillarás en una fotografía improvisada, si lo haces no les gustará y te pedirán que la destruyas. Nunca te contarán nada realmente profundo sobre sí mismos, nunca se abrirán porque aunque les emborraches no llorarán, reirán o gritarán como lo hace alguien normal, dentro tienen algo que no pueden dejar salir, y lo saben.

La quinta característica del mal es que nunca llora de verdad.

Las personas malas sufren mucho, a veces lo muestran y a veces no. Generalmente no enseñan el origen de aquello que los ha transformado en lo que son, quizás hablen de sucedáneos, consecuencias bastardas del origen de su maldad. Nunca confesarán que en el fondo, no se quieren a si mismos. Una persona que se odia, es incapaz de dar amor sincero a nadie, una persona que se odia tanto como se odian ellos, es incapaz de apreciar nada hermoso, porque en su mundo, llueve lejía y los copos de nieve son grises, pedazos de una existencia que se consume lentamente.

La sexta característica del mal es la crueldad.

Confunden ironía con crueldad. Pueden combinar humor y crueldad sin problema, pero no te engañes, es crueldad pura y dura. Son capaces de ser fríos y despiadados, pero solo lo verás cuando sea tarde. Fíjate en sus chistes cuando todavía pretendan ser graciosos y verás una pátina de sadismo en ellos. En todos. El humor es otro vehículo que utilizan para inmunizar a los que les rodean con su visión corrosiva de la humanidad. No verás ternura sin ironía. En todos ellos hay enfrentamiento, siempre tomando una postura beligerante. Con el tiempo, el veneno que destilan te habrá anestesiado y verás normal su forma de actuar.

La séptima característica del mal es la imposibilidad de apreciar la hermosura en las cosas frágiles o etéreas.

Alguien con el corazón roto y helado, podrido y negro desde hace tiempo, solo verá debilidad en aquello que es frágil. No será capaz de pararse a disfrutar de un instante, porque no lo puede poseer o no lo puede romper. Solo le interesa aquello contra lo que puede dirigir su odio. Las ideas sin peso práctico, como el idealismo, o la amistad sin interés les aburren porque no pueden atacarlo. Solo apreciará el arte para criticar al artista, los que que lo aprecian o al mercado que lo soporta. Una persona verdaderamente malvada es incapaz de crear nada por sí mismo, solo puede destruir, jamás construir nada por sí mismo. Las malas personas no pueden amar aquello que no pueden poseer.

La octava característica es la ausencia de falta de remordimientos de sus actos.

Siempre tendrá una autojustificación, siempre se escudará en un momento de debilidad -producido por una causa ajena a él- o buscará una manera de mitigar el impacto de sus actos con posibles consecuencias positivas inesperadas, aunque no fueran las originales. Si se le encierra y obliga a enfrentar sus actos, siempre lo hará a regañadientes y nunca de forma sincera. Aunque se sepa atrapado, luchará pues reconocer que se ha equivocado le llevaría a mirarse hacia dentro, que es donde evita mirar a toda costa. Nunca pedirá perdón. No lo esperes, y si lo hace es porque está en sus planes para lograr algo.

La novena característica es la ausencia de espiritualidad y un materialismo absoluto.

El mal absoluto niega a Dios, pretende ponerlo a su nivel. Igual que niega la divinidad, niega la espiritualidad en ser humano. Niega la capacidad del hombre a superarse a sí mismo, a lograr un plano superior. Negará las virtudes no materialistas de terceras personas, como su capacidad de crear belleza, su compasión o su generosidad. No creerá en un más allá, ni tampoco en un juicio final, porque no cree en la moral. Alguien malvado no es amoral, sino que retuerce la moral a su antojo, justificando todos sus actos como necesarios. Las malas personas son especialmente crueles con aquellos que creen en algo mas grande que ellos mismos.

La décima característica es la mediocridad.

Es difícil ver este punto, porque mudan de piel y se me mimetizan con habilidad. Saben convencer y cambiar el norte por el oeste sin que la brújula se mueva un milímetro. Su sombra es muy alargada, pero si examinas de forma objetiva y metódica sus actos y su trayectoria a lo largo del tiempo, verás que dejan tras de sí una colección de ruinas mediocres, producto de robar ideas de otros, cambiar de sitio o de nombre cosas que ya existían o directamente construir castillos de naipes sobre cimientos de mentiras secas y huecas. Sólo dejan dolor y malos recuerdos, a menudo falseados.

La undécima faceta de la maldad, quizás una de las más importantes es que la maldad es cobarde.

Cuando le identifiques y señales con el dedo, bufará como un gato acorralado, te amenazará y gritará. Pero nunca se expondrá a la luz, hará todo lo que pueda para seguir estando en la sombra y que todos los que todavía no saben quién es realmente, sigan en la ignorancia. Si te enfrentas a ellos, hazlo a la luz del día, cara a cara y con testigos, o te clavará un puñal en la espalda.

Texto: Nicholas Avedon (https://nicholasavedon.com)