Las flores del mal. Charles Pierre Baudelaire

Epígrafe para un libro condenado

Lector apacible y bucólico,
Ingenuo y sobrio hombre de bien,
Tira este libro saturniano,
Melancólico y orgiástico.

Si no cursaste tu retórica
Con Satán, el decano astuto,
¡Tíralo! nada entenderás
O me juzgarás histérico.

Mas si de hechizos a salvo,
Tu mirar tienta el abismo,
Léeme y sabrás amarme;

Alma curiosa que padeces
Y en pos vas de tu paraíso,
¡Compadéceme!… ¡O te maldigo!

     Siempre digo que me prodigo poco en poesía. No porque no me guste sino porque de todos los géneros, es el más íntimo a la hora de opinar. Íntimo por los sentimientos que nos lega el autor, íntimo también por los que recibimos, y por aquellos con los que leemos y, sobre todo, íntimo por lo que descubrimos de nosotros mismos a la hora de hablar de los poemas que nos han gustado. Tengo, muchos lo sabéis, un cuaderno en el que copio poemas, de autores conocidos o no tanto, a alguno incluso os pedí permiso para copiar alguna creación que os ví en mi improvisado poemario de palabras ajenas. Bien, hoy traigo poesía, un clásico imprescindible para ir paladeando despacio. Hoy traigo a mi estantería virtual, Las flores del mal.

     Baudelaire fue llamado poeta maldito. No porque sus letras versaran de temas escandalosos, sino por su vida, plagada de escándalos y excesos. Escribió además sobre el mal, los pecados, ayudando a afianzar esa etiqueta que jamás le preocupó. Publicado por primera vez en 1.857 Las flores del malabarca toda la trayectoria poética del autor durante 17 años. El título de la obra iba a haber sido Las lesbianas o Los limbos, puesto que el tema sobre el que originariamente iba a escribir eran los pecados capitales. Sin embargo la idea quedó en el camino y ya salió a la venta en una escueta tirada de poco más de mil ejemplares con el título que lo conocemos hoy.  Varios de sus poemas fueron censurados (Les bijoux, Lesbos, Le Léthé, Á celle qui est trop gaie, Femmes damnées y Les métamorphoses du vampire) y sustituidos por otros para la segunda edición que vería la luz cuatro años después, ampliando su extensión ya que se unieron más de los eliminados, pero aún no estaba finalizada la obra. Tras fallecer su autor, se publicaría de forma póstuma el libro tal y como lo conocemos hoy, con un total de 151 poemas contando los censurados, aquellos que añadió y los pertenecientes a su libro Épaves.

     Baudelaire se expresa con contundencia en su obra, el pecado y la muerte son recurrentes en este libro cuyo título no puede dejar de parecernos irónico en un momento en que los poetas hablaban de flores románticas, bellas y dulces. Revoluciona la poesía llamándose a sí mismo moderno, construyendo un libro cuyo leit-motiv  es el paso de la vida de una forma implacable hacia la muerte. Dejándose llevar por sus propias obsesiones nos introduce en un mundo plagado de sentidos, con adjetivos contundentes que convierten cada palabra en una sentencia, cada estrofa en un dardo que se clava y nos hace desear dominar la lengua original por el miedo a las pérdidas residuales de las traducciones en los poemas.

     Nos lega así un tratado en forma de versos irónicos, trágicos, con ritmo constante y simbolismos llenos de significado, en el que desfilan ante nuestros ojos los vicios y los placeres que embotan al ser humano. Es un libro para leer despacio, y para releer, sin encontrarnos con un clásico desfasado sino a un poeta consciente de su poder a través de las letras. Nos habla también de la poesía, del arte que se reencarna el placeres al alcance del hombre como puede ser el cuerpo femenino.
     Una vez más un título que a todos nos suena y que muchos parece que tememos abrir. Una lectura para paladear, imprescindible para los amantes de los versos y para aquellos que disfrutan con poemas sueltos. Porque no olvidemos que es poesía, no se lee en una tarde o una semana, sino que se hace con calma, disfrutando de las palabras. Porque si algo tiene Baudelaire es que sabe como hacer disfrutar al lector.

     Y a vosotros, ¿os gusta la poesía?

Por Mentrasleo

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