La regla crítica | Las Diligencias

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Se me antojan toscas las chochocharlas, los coloquios de las pollas, las vulvas psicópatas y los penes esquizofrénicos. Tienen las cuerdas vocales entumecidas y condenadas a la banalización por culpa de cacofonías encarnizadas, obscenizándolas. No creo que impidan la evasión de divisas, derechos y libertades en una diligencia tirada por caballos eléctricos hacia las minas de oro que proporcionan los intereses de los lejanos estes y oestes. Y mientras sacrifico migas de pan en la sartén para calcular la temperatura del aceite, pienso en el matrimonio perfecto de la fonética y el sentido de la palabra gilipollas, en régimen de ganaciales y sin obedecer a ningún otro aunque pretendan desenterrarlo para provocar su divorcio. Siento antipatía por la palabra maridar, pienso en la maldición de follar en tiempos de cólera y decido entonces ahogar las patatas después de haberles quitado la piel a tiras, de enjuagarlas para no dejar rastros de tierra teñida y descuartizarlas sin importarme los tubérculos huérfanos. Estoy convencido de que la crepitación de los hervores enmudecen los aullidos y me ensaño con los ajos a golpe de puño sobre madera de olivo. Anoto el perfume de los muertos, les doy la puntilla con los bordes quemados de mis huevos desnucados y cambio de emisora para evitar los grados ingenuos del mercurio bohemio. Debería incoarse alguna diligencia de investigación para ver si he cometido algún delito a partir de las pruebas que se consideren oportunas practicar. Secciono el cordón umbilical de los chorizos sin pensar en las posibles consecuencias, los divido en canal y los anego para pintarrajear todo con la sangre perversa de los que abusan y maltratan, de los que se esconden entre arbustos de doble cara y de los que remueven la mierda seca hasta que la cocina huele a un podrido que ni la campana extractora es capaz de sustraer. Habría que llevar a cabo ruedas de conocimiento, acordar la práctica de declaraciones testificales, convenir determinadas medidas limitativas del derecho a la intimidad y pactar como imposible la exhumación de los cadáveres. Emplato con salero y diligencia para que no se costipen los calores y presento la cena justo debajo del fregadero, a la diestra de la basura y flanqueada por los agentes del Fairy Bureau of Investigation and KH7. No siento desasosiego por la hambruna venidera y enciendo una vela para romanticar la mesa silente junto a ella, aliviándola. No siento el frío del mantel vacío de despropósitos, sin apetito.

Texto y Fotografía: Carlos Penas

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