Balthus: un pintor demasiado sexual para los visitantes de museos

Una campaña en internet reúne 10.000 firmas para que el Metropolitan de Nueva York retire el cuadro ‘Thérèse Dreaming’, por ser considerado como “sexualmente sugerente”. El museo responde que prefiere debatir a censurar.

Thérèse Dreaming, la obra del MET que molesta a algunos visitantes.
‘Thérèse Dreaming’

 

Balthus fue un personaje. Enturbió su biografía lo suficiente como para convertirse en un fantasma de la incorrección, que repitió tantas púberes desnudas en poses explícitamente sensuales como extendió su silencio sobre la polémica. Su vida fue mucho menos evidente que sus pinturas, su camuflaje mucho más denso que la transparencia de su obra: no ocultó la perversión de sus visiones, señaladas por usar a menores. Las intenciones artísticas de un pintor amenazado por la corrección tampoco se aclaran en las biografías contradictorias que se han publicado con su autorización.
En estos días, corre una petición on line contra uno de los cuadros expuestos permanentemente en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York, Thérèse Dreaming (1938), en la que se muestra a la modelo y vecina de Balthus, Thérèse Blanchard, con unos 13 años, recostada y con su ropa interior visible. Mia Merrill, una vecina neoyorquina, comenzó la petición en Care2, el pasado 30 de noviembre y ya ronda los 10.000 simpatizantes.

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La autora del movimiento pide firmas para que el museo “sea más concienzudo en cómo contextualizan esas piezas a las masas”. “Esto se puede conseguir eliminando la pintura de esta galería o proporcionando más contexto en la descripción de la pintura”, añade. Se le ocurre que en la cartela podría acompañar la siguiente leyenda: “Algunos espectadores encuentran esta pieza ofensiva e inquietante, dado el enamoramiento artístico de Balthus por las chicas jóvenes”.

Chica y gato, obra de 1937.

Un debate respetuoso
La polémica de lo tratado ha ocultado la virtud de lo construido. Esas diagonales expresivas que cruzan el cuadro de esquina a esquina, esas torsiones de los cuerpos y las piernas flexionadas, muestran una sensibilidad en la cuerda floja del que mira. El MET no descolgará la obra, señalada por ser “sexualmente sugerente”. El director de comunicación del museo, Kenneth Weine, ha explicado que “momentos como éste brindan la oportunidad para el debate”.

The Salon, 1941-43.

 

“El arte es uno de los medios más significativos que tenemos para reflexionar sobre el pasado y el presente, y observar la continua evolución de la cultura a través de una discusión informada y respetuosa por la expresión creativa”.
Merrill visitó el MET un fin de semana y se escandalizó al ver “una pintura que representa una niña en una pose sexualmente sugerente”. Mia Merrill se sintió ofendida al encontrarse con aquella preadolescente, relajada en una silla, con las piernas levantadas y la ropa interior a la vista. “Es perturbador que el MET muestre con orgullo esta imagen”, cuenta. Ella prefiere que el museo advierta, como hizo en 2013 cuando organizó una exposición sobre el artista, que algunas de las pinturas de la exposición podían ser molestas para algunos visitantes.

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“Dado el clima actual en torno a las agresiones sexuales y las denuncias que se vuelven más públicas cada día, al mostrar este trabajo para las masas sin proporcionar ningún tipo de aclaración, el MET apoya, tal vez involuntariamente, el voyeurismo y la objetualización de los niños”, asegura.

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¿Pureza o perversión?
Balthus vivió con la acusación de artista pervertido, autor de obras perversas. Consciente de las críticas, trató de aguar la leyenda en sus Memorias, donde indica -para desmontar los prejuicios generados a partir de sus imágenes- que su sensibilidad parte de una infancia protectora, con unos padres cariñosos y atentos, en París: “El contacto con seres singulares, poetas y artistas, fue muy instructivo para mi vida de pintor. En el fondo todo viene de ahí, de esa mirada llena de dulzura que debes tener para que pueda darse la pintura. Tuve la suerte de ser educado en un ambiente muy culto y refinado”.
Admiraba a Piero della Francesca y a Cézanne. Su madre solía decir que de niño se dedicaba a copiar pintores, sobre todo a Poussin, “con escrupulosidad y tenacidad, pues para mí ésa era la mejor escuela”. “Siempre me ha parecido indispensable esa modestia ante los grandes, captar algo de su pericia, de su generosidad, y así ir avanzando. Nunca fui a clase en ninguna escuela”. Y a pesar de la imagen candorosa que se empeña en transmitir, él y su hermano, Pierre, fueron la inspiración de la novela Los niños terribles (1929) de Jean Cocteau, amigo de los Klossowski.

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Nunca quiso salir de la infancia, insistió; nunca quiso abandonar el espíritu de la infancia. “Nunca he querido perder el hilo, al contrario, he procurado reforzarlo. De modo que nunca he salido de la infancia, ¿será por eso por lo que he pintado con tanto tesón flores y muchachas en flor?”, se pregunta en sus memorias, fulminando cualquier debate sobre su perversión. A los ojos del propio artista, sus preadolescentes son la mejor representación de la pureza, no de la perversión.

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Destruir el arte
Un año antes de que pintara la obra polémica de Thérèse, su galerista le encargó un retrato de Joan Miró y su hija Dolores para celebrar el 45 artista del artista catalán. Para el retrato posaron más de cuarenta sesiones y el cuadro entró a formar parte de la colección del MoMA de Nueva York.
“No pido que la pintura sea censurada, destruida o retirada de la vista”, dice la visitante asustada que, en realidad, sí solicita su retirada como hemos visto. De hecho, insiste en que el MET “considere seriamente las implicaciones de colgar determinadas piezas de arte en sus paredes”. Sin embargo, el historial viajero de la pintura señalada es extenso.
Ha sido expuesta en casi dos docenas de exposiciones de galerías y museos, a lo largo de los EEUU, Londres, Colonia, Marsella, París, Tokio o Kioto entre otros lugares. Thérèse Dreaming llegó al MET en 1998, donada por el matrimonio Jaques y Natasha Gelman, que lo adquirieron en 1979. La obra fue comprada el mismo año de su creación, en 1938, por 438 dólares. Es una de las diez pinturas en las que el artista nacido Balthasar Klossowski retrató a Thérèse Blanchard.

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La censura contra la libertad artística es recurrente en los últimos años. En 2015, varios medios de comunicación estadounidense censuraron los pechos de la mujer desnuda pintada por Modigliani, vendido por 170 millones de dólares, una de las cantidades más altas pagadas en subasta. Un ex taxista convertido en multimillonario supuestamente pagó la pintura con su tarjeta de crédito para acumular puntos. También ocurrió con las Mujeres de Argel de Pablo Picasso: la FOX pixeló los senos desnudos.
En 2014, el Museo Folkwang canceló una exposición programada del artista franco-polaco. El director no soportó las presiones de quienes calificaron a Balthus como “pedófilo” y al museo de cómplice. Así que prefirió anular la muestra para evitar “consecuencias legales no deseadas”. Setsuko Klossowska de Rola, la mujer de Balthus durante casi 40 años, dice que las acusaciones de pedofilia son “opiniones estúpidas”. Otros artistas como Caravaggio, Gustav Klimt o Robert Mapplethorpe han sufrido las mismas críticas.

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Acusado de pedófilo
Dos años después, el Partido Popular de Austria, el FPÖ, condenó una retrospectiva del artista, organizada por el Kunstforum de Viena. La muestra incluía una serie de Polaroids de Anna, a la que el artista fotografiaba con regularidad, siempre desnuda, desde los ocho a los 16 años. Balthus tenía más de 80 años cuando hizo las fotos y tenía el permiso de la madre de la niña. El FPÖ dijo que en su trabajo hay un “trasfondo pedófilo inherente y desagradable”.
Balthus sufre estas recriminaciones desde su primera exposición en París, en 1934, donde se presentaron seis pinturas que el público consideró demasiado provocadoras. No vendió ni un cuadro y en julio trató de suicidarse. “La pintura es una epopeya interior”, deja por escrito Balthus en sus Memorias.
“¿Cómo vas a atender al rumor del mundo o incluso participar en él? Mis preferencias en la vida no son misántropas, sino de soledad, para llegar al corazón salvaje de las cosas, al nudo más apretado del misterio […] Creo que he dedicado todos los segundos de mi tiempo a la pintura. Toda mi vida ha estado en función de la pintura. Es una historia sagrada y fatal”.
Las clausuras y peticiones de retirada de obra, confirman que los museos han entrado en una nueva era, la de la prohibición del debate. ¿De qué deben proteger los museos a los visitantes? ¿Del arte mismo? ¿Quién protege a los museos de sus visitantes?

Por Peio H. Riaño
Redactor jefe de Miradas (El Español)

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