Charles Bukowski previó en este poema la soledad que internet traería al ser humano

Desde que Internet comenzó a revolucionar las comunicaciones contemporáneas, junto con el entusiasmo que esto provocó, desde otras perspectivas más críticas (o cuando menos escépticas) se señaló un peculiar fenómeno de esa fiebre que se cernía sobre el mundo.
Si bien parecía muy seductor transmitir un mensaje de un punto a otro del planeta en cuestión de segundos, saber de inmediato qué pasaba en lugares que se creía remotos, enviar y recibir datos de todo género y especie (imágenes, audio, videos, etc.), por otro lado, un poco a la sombra y todavía sin mucha atención, despuntaba ya un fenómeno paradójico: con tantos medios de comunicación al alcance, el ser humano se mostraba un poco más aislado cada vez.
En años recientes, ese efecto no es la quimera catastrofista de algunos cuantos agoreros celosos del avance tecnológico. Nada de eso. Las consecuencias del uso de redes sociales en el estado de ánimo han sido ya ampliamente documentadas; también desde otras disciplinas como la sociología o la filosofía, se ha argumentado esa circunstancia contradictoria del ser humano contemporáneo, que puede hablar con personas de todo el mundo, pero es incapaz de cambiar algunas palabras con aquellos con quienes se cruza a diario; o que tiene acceso a miles de fuentes de información, pero parece optar por permanecer en la “dulce” ignorancia.
Entre esas personas que supieron descreer de las mieles de la tecnología moderna estaba Charles Bukowski, acaso uno de los personajes más impresentables de la literatura estadounidense pero, como buen poeta, clarividente también, sensible a las necesidades auténticas del ser humano y a las formas casi siempre equivocadas con que históricamente hemos intentado satisfacerlas.
Bukowski murió en 1994, así que atestiguó apenas el despunte de la era de la información que en los siguientes años alcanzaría su cénit. Con todo, alcanzó a escribir el poema que transcribimos a continuación, primero el original en inglés y después la traducción de Silvia Barbero.

now it’s computers and more computers
and soon everybody will have one,
3-year-olds will have computers
and everybody will know everything
about everybody else
long before they meet them.
nobody will want to meet anybody
else ever again
and everybody will be
a recluse
like I am now.

hoy todo son ordenadores y más ordenadores
y pronto todo el mundo tendrá uno,
los niños de tres años tendrán ordenadores
y todo el mundo conocerá todo
lo relacionado con los demás
mucho antes de que lleguen a conocerse
y por eso nadie querrá conocerse.
Nadie querrá conocer a nadie
nunca jamás
y todos serán
unos solitarios
como lo soy yo hoy.

El poema puede encontrarse en el libro The Continual Condition, una colección de textos publicada póstumamente en el 2009. En español ha sido traducido, como dijimos, por Silvia Barbero, y la publicación corrió a cargo de la editorial especializada en poesía Visor.

Por Alejandra Arrieta

Anuncios