Como el tiempo perdido | IDIOCIA

Ayer releía algunos de los relatos de Bukowski. Siempre me gustó y lo he admirado porque nadie como él ha tenido el descaro de escribir lo que muchos a veces sentimos. El caso es que al cabo de un rato de estar sumergido en el mundo Bukowski sentí una angustia rabiosa que me hizo abandonar la lectura de golpe. Todos esos personajes abiertos en canal, borrachos, buscavidas, escritores arruinados, putas y puteros no me agradaban. El ambiente era sórdido, funesto. Y eso que algunos que me leen, me incitan a escribir cosas así, a ser sucio y rozar el mal gusto, a cagarme en todo y a escupir de mala gana lo que pienso. Pero lo cierto es que nunca lo hago ya que hago otras cosas. Así que de un salto pasé a auditar los discos grabados por Cortázar. Cándidos y amables relatos, poemas sentidos y delicados, historias divertidas e inconexas, a veces fuera del alcance de mi entendimiento y siempre respaldados por esa voz suya con pipa y acento porteño. Fue como pasar de mirar un cuadro de Goya a mirar uno de Picasso. Y así fui dando saltos de un autor a otro, ojeando libros de Matisse en su silla de ruedas con tijeras y anteojos, de Saura y su musa Geraldine Chaplin, de Giacometti en su faceta como retratista o Rodin y su espesa barba. Como un niño observaba aquellas imágenes, aquellas vidas marcadas, el tacto de las satinadas páginas y la ingrávida música que poco a poco me fue noqueando hasta quedarme profundamente dormido, frito. Quizás toda esta información ingerida sin receta y con alevosía sea la droga dura que necesitamos para escapar del imbecilismo social, de la hastiosa oferta popular o del neocapitalismo consumista y material de esta plaga con mensajes búmeran y una idiocia por temporadas en la red. Aunque quien esté libre de pecado que tire la primera piedra y que se la coma, eso sí, pagando.
robersonillustrator.tumblr.com

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