Violeta y Galileo | Amor en el barrio chino (Acto II)

Esta historia está dividida en tres actos que se publican de manera correlativa los meses de noviembre, diciembre y enero. Está dedicada a esas tipas y tipos que regentan los negocios que dan vida y alma a este barrio tan emblemático de Palma: Bar Flexas, Biokalma, Bocalto, Bar Ca La Seu, Carnivale Tattoo, Clínica Veterinaria, La Cuadra del Maño, La Despensa del Barón, La Juguetería, La Tortillería, Lemon Tree, Molta Barra, Onda 10, Plaer Natural y Quina Creu. El orden de aparición es fruto de los caprichos aleatorios de Galileo. A veces, no hay quien entienda las cosas del corazón, sólo a veces.

Al día siguiente, envuelto en un edredón solitario, Galileo se desperezaba con los pelitos de sí mismo pegados al ombligo. El olor de su propia intimidad le recordó la necesidad de ducharse en forma de lluvia y entre haceres y quehaceres asépticos decidió que debía ser puntual si quería que le atendiesen sin cita previa. En la Plaza de la Quartera, justo a las diez de la mañana, entraba sin hacer ruido en la peluquería Onda 10 y se interesaba por la posibilidad de teñirse el pelo en armonía con su estado de felicidad.

ONDA 10 RELATO
Onda 10 / Foto Carlos Penas

El espacio era cómodo, funcional y fusionaba las tendencias más actuales con la parte más elegante de un vintage sofisticado. Se dejó hacer, se dejó lavar, se dejó tintar, se dejó llevar por el deseo de cambiar y se dejó llevar por la fantasía de un ramo de Violetas que se le aparecían mientras le masajeaban las sienes, como la virgen. Paseando su nueva imagen se encontraba a sí mismo en cada vuelta de esquina, sin ráfagas de aire y con el estómago vacío por culpa de las prisas quietas.

CARNIVALE TATTOO
Carnivale Tattoo

En la Calle Hostals reconoció a Violeta saliendo de Carnivale Tattoo, un estudio de coleccionista que acoge a artistas de todo el mundo, y para evitar que ella se sintiese seguida y perseguida, Galileo entró sin saber cuánto tiempo habría estado ella, se petrificó con el ímpetu de los adolescentes y soltó inmediatamente una réplica de los buenos días y un quiero tatuarme una golondrina en el pecho, a la izquierda, en el corazón y con reflejos violetas. Lo escogió sin mirar porque lo importante era tatuarse. Me recuerdas a mi primera vez y esa es precisamente la parte romántica del tatuaje, le comentaron con voz firme y decidida. Envuelto en papel celofán y con el color de las arterias en su cabello, Galileo florecía sonámbulo por las calles, siguiendo el ritmo de sus latidos y el olor de la carne bien hecha.

LA CUADRA DEL MAÑO -2
La Cuadra del Maño

Se detuvo delante de La Cuadra del Maño y entró inmediatamente por la Calle de la Galera gracias a la autenticidad de una voz profunda y una atmósfera agradable que le deshacía el paladar. Soñó con Violeta y decidió al instante unos montaditos y unos criollos que se los ofrecieron con unas patatas que le devolvían a la realidad y con unos tomates dulces y carnosos que le llevaron otra vez al recuerdo. Sus entrañas a la parrilla eran como comerla desde dentro, en su puntito y punto, vuelta y vuelta. Se despidió por la Calle Miracle ausentándose para hacer la digestión y creyendo en los milagros. Galileo se amparaba en los crepúsculos de un barrio donde las alcantarillas también eran bellas y los sonidos mudos se orquestaban entre historias de miles de años de historia que volaban como el polen, el polvo de la vida. Giró a la derecha y siguió recto, volvió a girar hacia el mismo lado y siguió otra vez recto, y giró sobre sí mismo, y jugó entre piedras húmedas y tropezó con el reflejo de Violeta en los cristales de Ca La Seu, en la Calle Cordería. Un bar con una luz que entrelazaba el atardecer con el amanecer entre cuerdas y cestas antiguas para flirtear con la historia y con ella. Había Infinidad de mesas presididas por ostras fines de claire que se servían con unas tostaditas de mantequilla y una salsa de chalotas, con vinagre aparte. El gentío permitió a Galileo apoltronarse en la barra justo al lado de Violeta, se sonrieron entre copas de cava y se presentaron cambiando sensiblemente sus maneras de comer esas delicias de Marennes-Oleron. Al darse cuenta de que comenzaba a llover decidieron salir juntos, apretándose entre ellos para esquivar las gotas de agua, sin conseguirlo, y riéndose como dos chiquillos a punto de hacer travesuras. El aguacero les llevó a la carrera hasta el que debería ser el Ayuntamiento, el Molta Barra, un lugar en el que no había clichés excluyentes y donde se compartían experiencias, recuerdos y reflexiones alrededor del infinito. Se hipnotizaron entre miles de objetos que desprendían los olores del Universo y se extasiaron entre molta birra, patatas bravísimas y unos juevos rotos que les entregó a un beso prolongado en el tiempo, rodeado de carácter, carisma y ternura. Galileo sintió en su pecho los pezones mojados de Violeta y al momento se intensificaron al ritmo que marcaban sus propios cuerpos. Se acariciaron hasta perder la verticalidad, rodeados de surtidores de gasolina, libros, trompetas y saxofones. Se amaron entre paredes martianas y marcianas, follándose… CONTINUARÁ (Por Carlos Penas)

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Molta Barra

ENG: The next day, wrapped up in a lonely blanket, Galileo entertains himself with the little hairs stuck to his own belly button. The smell of his intimacy reminds him that he needs a proper rain style shower and whilst he´s washing himself he decides that he must hurry if he wants to be seen without an appointment. Its 10:00 in the morning in Plaza Quartera, and Galileo silently enters the “Onda 10” hairdressers. He asks about dying his hair the same shade as his own happiness. “Onda 10” is a warm and functional space which combines the most modern trends with and elegant and vintage sophistication. He just lets himself be, he has his hair washed, dyed, he gets swept away in the need to change and fantasizes about a bunch of flowers, Violets, that pop into his mind while he’s getting a head massaged, like the Virgin.
Walking around with his new image he keeps seeing himself in every corner, without a breeze in the air, and he finds himself suddenly feeling hungry after all that hurrying. On Calle Hostals he spots Violeta leaving “Carnivale Tattoo”, a collectors studio which hosts artists from around the world. He doesn´t want her to feel followed, so he quickly goes in, without knowing how long she’d been in there. He’s petrified by the drive of the teenagers inside, and mumbles a good morning and asks for a tattoo of a swallow on his chest, on the left-hand side, on his heart, and with violet hues. He chooses a design without even looking, because what´s important is to actually get the tattoo. A strong and determined voice says: “You remind me of my first time, and that is the most romantic thing about a tattoo”

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La Cuadra del Maño

Wrapped up in cellophane and with the colours of his arteries in his hair, Galileo drifts about the town in a haze, following the beating of his own heart and the scent of well-cooked meat. He stops outside “La Cuadra del Maño” and immediately goes in through the Calle Galera, thanks to the authenticity of a deep voice and a mouth-watering warm atmosphere. He thinks about Violeta, and suddenly knows he wants to try some “montaditos”: one bite of the creoles served with potatoes brings him back to reality, but the sweet and juicy tomatoes take him right back to her. The brazed entails are like eating them from the inside, bite by bite.

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Ca La Seu / Foto: Miguel Seguí

Galileo walks outside to digest his food, and feels protected by the twilight of the neighbourhood where even the sewers are beautiful and the silent sounds can be heard amongst stories from a thousand years of history, blowing in the wind like pollen, the dust of life. Galileo turns right and walks on, turns right again and walks on, he turns around, he plays with the four corners and suddenly stumbles upon Violeta´s reflexion in the glass of “Ca La Seu”; a bar with a special kind of light, half day half night, amongst old ropes and baskets to flirt with history and with her. The tables are filled with fines de Claire oysters served with butter croutons and a shallot sauce and vinegar on the side. The crowd allows him to sit down at the bar, right next to Violeta, they smile at each other over a glass of Cava and they get to know one another by sensually eating the delights of Marennes-Oleron. It starts to rain so they decide to go outside together, getting close to each other to avoid the rain drops but failing to do so, and giggling as if they were two naughty teenagers. The downpour leads them running to what should be known as the Town Hall: “Molta Barra”, a place without stupid clichés and where you can share experiences, memories and ponder to infinity. They´re hypnotized by all the objects that smell of the universe, and they get carried away by lots of beer, “patatas bravas” and broken eggs that lead them to a kiss which makes time stand still, filled with character, charisma and affection. Galileo feels Violeta’s wet nipples against his body, and the situation gets even more intense, following their pulsing bodies. They caress each other until they lose all control, lost amongst gasoline siphons, books, trumpets and saxophones. They love each other and fuck each other in this alien place….to be continued! (By Carlos Penas)

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