VIOLETA Y GALILEO | Amor en el barrio chino (ACTO I)

Esta historia está dividida en tres actos que se publicarán de manera correlativa durante los próximos tres meses. Está dedicada a esas tipas y tipos que regentan los negocios que dan vida y alma a este barrio tan emblemático de Palma: Bar Flexas, Biokalma, Bocalto, Bar Ca La Seu, Carnivale Tattoo, Clínica Veterinaria, La Cuadra del Maño, La Despensa del Barón, La Juguetería, La Tortillería, Lemon Tree, Molta Barra, Onda 10, Plaer Natural y Quina Creu. El orden de aparición es fruto de los caprichos aleatorios de Galileo. A veces, no hay quien entienda las cosas del corazón, sólo a veces.

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Posada Terra Santa

Galileo despertó con la excelencia máxima del silencio que proporcionan las habitaciones de la Posada Terra Santa, un edificio que cuenta historias, un lugar donde el pasado, el presente y el futuro se fusionan en un entorno idílico, como si el tiempo no tuviera ni principio ni fin. Se había aseado como mandan los cánones de una higiene exhaustiva y desayunó en La Despensa del Barón, entre multitud de panes y una deliciosa carta de huevos.

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Biokalma / Foto Carlos Penas

Calculo que serían las nueve y media cuando encendió un cigarrillo entre los encantos de Pes de la Farina y regaló su primera bocanada de humo a la suave brisa de la mañana, en forma de nube. Dejándose pasear entre callejuelas empedradas durante siglos, sentía el olvido de su propia historia, atónito de belleza y encanto. Enseguida se sintió invadido por un estado de calma que acabó empujándole al interior de Biokalma, sin pretenderlo. Una tienda ecológica con superalimentos, cosmética natural y suplementos. Galileo se entretenía con las etiquetas de los productos a granel y se interesó por las técnicas naturales que te liberan de los desequilibrios causados por determinadas emociones. Compró pan esenio y tomó conciencia de las cosas. Por un instante, se sintió sostenible.

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Bar Flexas / Foto Archivo

Caminando entre círculos, esquinas, triángulos y minúsculos pasos de cebra, leía las aldabas de las puertas con la sensación de no necesitar ni un libro siquiera. Atraído por el magnetismo que proporciona el ostracismo y el impacto de una estética genuina, Galileo entró en el Bar Flexas, en la calle de la Llotgeta, sintiendo el flechazo de algún ido. Como un autómata navegó entre butacas verdes, lámparas arbóreas, dorados, suelos hidráulicos y rojos que combinaban con los labios de Violeta. Se sentía torpe y adivinó que si pedía un vermut estaría pidiendo exactamente lo mismo que habría pedido ella. Justo cuando se lo servían, Galileo veía cómo ella se levantaba para pagar e irse, a cámara lenta y sin saber si la volvería a ver. Aprovechó para cagarse en Cupido un par de veces, entre la diferencia y la amabilidad canalla.

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Plaer Natural / Foto Archivo

Se fue con flores de papel para sentarse debajo de los árboles, con Plaer Natural y con el apetito que proporcionan el aperitivo y el sentimiento del amor encontrado. Al leer ensalada de aguacate, pepino, manzana roja y cilantro, Galileo pensó en ella, al instante. Se acordó de su piel y decidió una crema de berenjena asada, se la imaginó desnuda y pidió una terrina de coliflor, semillas y queso emmental. Para besarla en sueños, la maridó con un bizcocho de chocolate blanco y arándanos. La plaza de la Quartera se otoñaba para confundir los minutos con las horas y mezclar el color de las hojas con el amarillo creciente de los faroles. Un romanticismo silente que incitaba al paseo perdido y olvidado por los callejones del Barrio Chino.

ENCENDIÓ UN CIGARRILLO ENTRE LOS ENCANTOS DE PES DE LA FARINA Y REGALÓ SU PRIMERA BOCANADA DE HUMO A LA SUAVE BRISA DE LA MAÑANA, EN FORMA DE NUBE.

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Quina Creu / Foto Jaume Ayuso

En la calle de la Cordería, atraído por las letras de Quina Creu, se apoyó en la barra de un espacio antiguo como el horno medieval sobre el que se asentaba, encendido por el calor que proporcionaba la gastronomía. Mimetizada con los monstruos y bellezas de sus paredes, estaba Violeta, sentada en una silla de los Eames, tan cerca y tan lejos como lo permitía la música de jazz y una iluminación tenue. Inmediatamente pidió un cocktail como si estuviese esperándola para cenar y se embelesó intentando definirla por la forma en que se enfrentaba a la carta. Se imaginó sentado delante de ella, pidiendo un número 6 para compartir por el mero hecho de comerla con los ojos y Galileo bebió su noveno daiquiri de un solo trago, a modo de harakiri, para irse sabiendo que se dormiría con ella entre abrazos imaginarios, sin ser contradictorio ni dejar de serlo.
Al día siguiente, envuelto en un edredón solitario…CONTINUARÁ (Texto: Carlos Penas)

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Violeta y Galileo /  Vitas Luckus photography

ENG: This story is divided in three acts which will be published over the next three months. It is dedicated to all those colorful people who visit all those businesses that are full of life in this emblematic neighborhood of Palma: Bar Flexas, Biokalma, Bocalto, Bar Ca La Seu, Carnivale Tattoo, Clínica Veterinaria, La Cuadra del Maño, La Despensa del Barón, La Juguetería, La Tortillería, Lemon Tree, Molta Barra, Onda 10, Plaer Natural and Quina Creu. The order in which this list has been made is all down to Galileo. Sometimes, just sometimes, it’s hard to understands the heart’s desire.

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Posada Terra Santa / Foto Archivo
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La Despensa del Barón / Foto Archivo

Galileo woke up one morning surrounded by the excellent silence that La Posada Terra Santa offers, a building with many stories to tell, a place where past, present and future are brought together in an idilic setting, as if time had no beginning or no end. He washed as expected and had breakfast in La Despensa del Barón, surrounded by breads and lots of different egg options. It must have been around 9:30h when he lit is first cigarette of the day at Pes de la Farina and exhaled his smoky cloud to the morning breeze. He walked along the stoney streets for centuries, and felt his own history drift away, stricken with the beauty of it all. He suddenly felt very calm which pulled him towards Biokalma, without even thinking about it. An ecological shop, with super-foods, natural cosmetics, and supplements. Galileo was looking at the information about the bulk products and was interested in the natural techniques that can cure imbalances due to certain emotions. He bought Essene bread and took it all in, for one instante he almost felt sustainable.

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Biokalma / Foto Archivo

Walking amongst circles, corners, triangles and tiny zebra crossings he read the inscriptions on the doors and felt he didn’t even need a book to entertain himself.
Drawn in by the magnetism of the ostracism and the impact of something trully one-of-a-kind, Galileo walked in to Bar Flexas, on Llotgeta street, feeling immediately at one with the place.

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Bar Flexas / Foto Archivo

Almost robot like he made his way through green stools, tree like, gold lamps, hydraulic floors, and reds that matched Violeta’s lips. He felt clumsy and was sure that if he ordered a vermouth, he would be ordering the exact same thing as she did. As soon as he was being served, he saw her get up and pay to leave, never knowing if he would see her again. He cursed Cupid, but in his kindly way.

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Plaer Natural / Foto Archivo

He left with paper flowers and sat under a tree, with Plaer Natural and a hunger provided by and aperitive and new found love. Gaileo read avocado, cucumber, red apple and coriander salad on the menu and immidately thought of her. He remembered her skin, and ordered a baked aubergine soup, he imagined her naked, and asked for a cauliflour, seeds and emmental terrine. To kiss her in his dreams, Galileo topped it all off with a white chocolate and cranberry cake.
Quartera square was slowly turning to autum, where the minutes turned to hours and the yellow leaves of the trees copied that of the street lamps. A romantic silence, perfect for a lost stroll around the Chinese Quarter.

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Quina Creu / Foto Jaume Ayuso

In Corderia street, he was curious to discover Quina Creu, and he sat at the bar where the old medieval oven was, turned on by gastronomy’s warmth. Completly at home with the monsters and beauties of the walls, Violeta was sat at the Eames chair, as close and as far as the jazz music and dim lighting allowed. He immediately ordered a cocktail as if he were waiting for her to have dinner, and basked in trying to define her by the way she looked at her menu. He imagined himself sat in front of her, ordering a number 6 to share, just so he could eat her with his eyes. Galileo swallowed his 9th daiquiri in one gulp as if it were a harakiri, and left knowing that he would sleep with her in imaginary arms, being or not contradicting. (by Carlos Penas)
The next day, in his lonely blanket….to be continued…

Imagen inicial: Vitas Luckus photography

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