La regla crítica | Coño de otoño

Procuro incrementar el ritmo sabiendo que soy mal consejero en temas de salud porque no cuido los pulmones. Soy el director RH de mi vida y estoy seleccionando colaboradores entre mis sistemas linfático y sanguíneo, sin saber el color del tren en el que viajo. Prefiero el factor RHesus antes que los Recursos Humanos, sin dudarlo siquiera. Me pierdo de manera itinerante por el peripato de un Liceo olvidado, platicándome con el sirtaki de fondo y contemplando el coño de las estatuas. Se tallan en primavera con punteros y gradinas, se pulen en verano con polvos de piedra pómez y escofinas, florecen en otoño e hibernan en invierno para conservar su energía. El sendero directo al triángulo invertido está bien demarcado y no necesita señalización. Se atraviesa un bosque de lengas y lenguas que tiñen de color ocre y rojizo el camino hacia el Monte de Venus, erosionado por el empeño atmosférico y el capricho azaroso de las cuatro estaciones. Por momentos se forman colchones de hojas y el universo se acuesta al margen de la voracidad del ser humano, idealizando lo espiritual y lo bello e idolatrando la sexualidad de las relaciones íntimas que mantienen el presente y el pasado para concebir un futuro cierto. Yo pensaba que estar encoñado era un paso más por encima del amor, que la distancia que había entre los dos estados era directamente proporcional a la que existe entre la poesía y la prosa. Lo jodido es encoñarse del coño equivocado porque los tacones largos hacen más femenina pero no más mujer. No sé en qué estaría pensando Howard Hawks pero sé que los caballeros prefieren que no sean turbias, sin importarles si son rubias. Me desplazo en una canoa de material absorbente que bebe el flujo de mi propia regla, navegando. Concebida como una serie de artículos cíclicos fisiológicos, ayuda infinitamente a mantener mi mente sana, lúcida y coherente. Lo uno por ser de periodicidad mensual y lo otro por la necesidad de alimentar mi alma igual que se alimenta mi cuerpo combatiendo el hambre y la sed. Es un proceso que autoevalúa mi pensamiento para mejorarlo y necesita creativina con el fin de vitaminarme y mineralizarme. Se trata de evacuar líquidos transportando substancias y reflexiones en la sangre. Sí, estoy seguro de que seguiré dando por culo, pero no como los médicos que te meten el dedo a cuatro patas con la puta disculpa de mirarte la próstata, sin importarles la posición que adoptas y sin cariño alguno.

Texto y Fotografía: Carlos Penas | La regla crítica

 

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