¿Cómo era el dios de Spinoza (El dios en el que creía Einstein)?

EINSTEIN DIJO CREER EN EL DIOS DE SPINOZA, UN DIOS QUE SE MUESTRA A SÍ MISMO A TRAVÉS DEL ORDEN Y LA ARMONÍA DE LAS LEYES UNIVERSALES, UN DIOS EN CUYO INTELECTO PARTICIPA LA MENTE HUMANA

Libre de la metáfora y del mito 
labra un arduo cristal: el infinito 
mapa de Aquel que es todas Sus estrellas.

-Borges, “Spinoza”

Uno de los temas que se discuten frecuentemente en Internet tiene que ver con si Einstein creía en Dios o no. El tema genera fascinación porque las personas buscan confirmar sus propias creencias y dar un golpe de autoridad (recurriendo a una “autoridad”): si el más grande científico del siglo XX creía en Dios, esto parecería darle a las personas que creen en Dios mayor legitimidad y seguridad y, por el contrario, si una mente como la de Einstein, que sondeó los misterios del universo, no se inclinó hacia la divinidad esto parecería consolidar más la visión ateísta y materialista que domina la ciencia actualmente. Lo cierto es que existe cierta confusión al respecto, aunque ciertamente Einstein dijo identificarse con “el Dios de Spinoza”. La confusión nace de que la divinidad que postuló Baruch Spinoza ha sido interpretada de formas diversas, entre ellas como un ateísmo, bajo la interpretación de que su panteísmo (la inmanencia de Dios) oculta realmente un ateísmo en tanto a que se puede substituir a Dios por la Naturaleza, y en tanto a que no necesariamente implica un culto o adoración a esa Naturaleza. 

Primero veamos brevemente las declaraciones que acercan a Einstein al Dios de Spinoza y luego veamos cómo concibió a este Dios el filósofo holandés del siglo 17. 

Gerald Holton, profesor de la Universidad de Harvard, quien fue designado curador del archivo de Einstein, mantiene que Einstein atravesó un periodo religioso y otro científico y que al final los conjugó ambos. “Definitivamente sí [creía en Dios]. Pero debemos recordar que así como inventó su física y su estilo de vida, también inventó su religión… Era el Dios de Spinoza, que introdujo la racionalidad en el mundo, de modo que la Naturaleza y Dios se identifican”.

En una entrevista de 1930 publicada en el libro Glimpses of the Great de G. S. Viereck, Einstein explica:

La mente humana, no importa que tan entrenada esté, no puede abarcar el universo. Estamos en la posición del niño pequeño que entra a una inmensa biblioteca con cientos de libros de diferentes lenguas. El niño sabe que alguien debe de haber escrito esos libros. No sabe cómo o quién. No entiende los idiomas en los que esos libros fueron escritos. El niño percibe un plan definido en el arreglo de los libros, un orden misterioso, el cual no comprende, sólo sospecha. Esa, me parece, es la actitud de la mente humana, incluso la más grande y culta, en torno a Dios. Vemos un universo maravillosamente arreglado, que obedece ciertas leyes, pero apenas entendemos esas leyes. Nuestras mentes limitadas no pueden aprehender la fuerza misteriosa que mueve a las constelaciones. Me fascina el panteísmo de Spinoza, porque él es el primer filósofo que trata al alma y al cuerpo como si fueran uno mismo, no dos cosas separadas.

Hay que mencionar que, en muchos sentidos, la filosofía de Spinoza es una ruptura con la filosofía cartesiana que remarca el dualismo entre cuerpo y alma (o mente). Spinoza concibe en su Ética, en cambio, una única sustancia, la cual define como aquello “que es en sí mismo y es concebido por sí mismo, esto es, aquello cuyo concepto no requiere del concepto de otra cosa para formarse”. De aquí que la única sustancia, aquello que no necesita de algo más, sea Dios. “Excepto Dios, no existe sustancia que pueda darse o concebirse”. La sustancia de Spinoza es infinita e indivisible; como la energía de Einstein, no se crea ni se destruye.

En otra famosa respuesta, Einstein contestó un telegrama del rabino Herbert S. Goldstein sobre su visión religiosa diciendo escuetamente: “Creo en el Dios de Spinoza. Quien se revela a Sí mismo en las armoniosas leyes del universo, no en un Dios quien se ocupa del destino y el castigo de la humanidad”. Aquí se hace una alusión al gran atractivo que ha hecho de la filosofía de Spinoza sumamente atractiva para muchos científicos y filósofos que sienten una religiosidad cósmica (no antropomórfica) que se aleja de los grandes monoteísmos (basados en una figura divina patriarcal que castiga o premia), y lo cual hizo que incluso fuera acusado de ateísmo en su época. “Los hay que se representan a Dios como un hombre compuesto de cuerpo y alma y sometido a pasiones; pero ya consta, por las anteriores demostraciones cuán lejos vagan éstos de un verdadero conocimiento de Dios”, escribió. Esto es así ya que si bien todas las cosas, dice Spinoza, son en Dios, Dios no es corpóreo, ya que los cuerpos están, por definición, limitados. Esta es su definición de Dios:

Por Dios entiendo un ser absolutamente infinito, esto es, una substancia que consta de infinitos atributos, cada uno de los cuales expresa una esencia eterna e infinita.

Otra de las grandes razones, por las cuales el Dios de Spinoza es tan atractivo para mentes científicas es que en ningún momento recurre a lo supernatural o a lo milagroso. Dios aunque es todo, es conocido (intuido) adecuadamente en sus leyes. “Todo lo que ocurre, ocurre en virtud de las solas leyes de la infinita naturaleza de Dios y se sigue de la necesidad de su esencia”. Y todo lo que ocurre se produce por necesidad, no por un acto de voluntad creativa o arbitrariedad; el universo es determinístico, algo que es lógicamente muy atractivo para un científico o matemático que observa el edificio cósmico de la causalidad y encuentra ecuaciones o constantes universales que parece existir eternamente.

todas las cosas necesariamente proceden de, o siempre siguen al poder infinito de Dios] por la misma necesidad y en la misma forma en la que de la naturaleza de un triángulo procede, por toda la eternidad, que sus tres ángulos sean iguales a dos ángulos rectos.

Spinoza además sugiere que es posible conocer “la naturaleza de todas las cosas, a saberse, a través de las leyes universales y reglas de la naturaleza”. Estas leyes son las más puras expresiones de Dios y tienen una realidad superior a la existencia de las cosas individuales, por ejemplo, ya que permanecen siempre igual, mientras que las cosas cambian y perecen (y en realidad tienen su existencia en esas leyes, que son la naturaleza, Dios).

La tercera gran razón de que la filosofía de Spinoza es tan atractiva para un físico, tiene que ver con que Spinoza llegó a sugerir que Dios es sinónimo a la Naturaleza,”Deus sive Natura“, escribió famosamente Spinoza. Recordemos que la física hasta hace uno siglos era llamada “filosofía natural”, y esto hace que algunos físicos y filósofos crean que al decir Dios es la Naturaleza, se puede decir que lo divino, lo que es, la realidad, es la física o lo físico (la palabra griega physis, de hecho, ha sido traducida a lenguas modernas como naturaleza). Esto, sin embargo, es altamente discutible ya que Spinoza no puede considerarse en ninguna medida un materialista, ya que habla de la eternidad de la mente que participa en Dios. “La mente humana no puede ser absolutamente destruida con el cuerpo, sino que una parte de ella, que es eterna, permanece”. “Nuestra mente en tanto a que entiende es un modo eterno de pensamiento”. Estas proposiciones, entre otras, han generado gran debate. Algunos filósofos creen que Spinoza habla de algún tipo de inmortalidad individual del alma; otros creen que más bien se trata de una inmortalidad impersonal, de aquello que conoce adecuadamente a Dios, y que es en sí mismo Dios. Esto es similar a algunas visiones orientales, particularmente la budista, en la cual no existe una inmortalidad del alma, sólo una inmortalidad de la mente que percibe correctamente la realidad, que es en sí misma la budeidad (no una persona o un individuo). En otras palabras, podemos decir que la sabiduría es inmortal, la ignorancia es perecedera.

El tema más polémico en relación a la obra de Spinoza es si su visión de la realidad puede considerarse como atea. Evidentemente no si nos basamos en sus propias palabras y no asumimos que ahora somos más astutos para darnos cuenta que él mismo no se daba cuenta de que lo que estaba desarrollando era en realidad un ateísmo (porque el panteísmo, un término que Spinoza nunca uso, es en realidad un ateísmo mal llamado) y Spinoza, que utiliza el término Dios por todas partes y se esmeró en probar su existencia, el filósofo que Shelley y Byron llamaron “intoxicado de Dios”, en realidad no creía en Dios. Acaso sólo utilizó este término para librarse de acusaciones de herejía.

El argumento de que su filosofía es ateísta, se basa en que equipara a Dios con la naturaleza (y aparentemente no recurre a ninguna diferencia o trascendencia entre estos) y en que no parece haber hecho o llamado explícitamente a una adoración de Dios-Naturaleza. El problema, por supuesto, yace en cómo definimos “Dios”, si lo definimos como un ser trascendente que crea el universo de la nada y que interviene a voluntad para afectar su creación, entonces sí podríamos hablar de que la filosofía de Spinoza es ateísta. Pero esta es solamente una definición de la divinidad basada en la tradición judeocristiana en sus aspectos exotéricos. Si admitimos una definición más sutil esto cambia. Max Müller, el gran traductor y compilador de textos orientales, escribió: “El Brahman, como fue concebido por los Upanishads y definido por Shankara, es claramente el mismo que la Substantia de Spinoza”. La teología de Spinoza también puede leerse como un monismo: Dios es Todo y es Uno, como dice el poema de Borges sobre el Dios de Spinoza, el universo es “el infinito mapa de Aquel que es todas Sus estrellas”. El argumento de que el Dios de Spinoza es solamente inmanente, es decir no existe más que en la naturaleza, por otro lado, ha sido discutido Martial Guéroult, quien sugiere que Spinoza en realidad es un panenteísta (y no un panteísta), la diferencia estriba en que en su interpretación de la filosofía de Spinoza Dios no es solamente el mundo, sino más bien el mundo está en Dios. Todas las cosas tienen su existencia en Dios, pero Dios no es limitado por el mundo. Karl Jaspers, por su parte, ha puesto en duda la afirmación de que para Spinoza Dios y la naturaleza son intercambiables, y sugiere que Dios mantiene una trascendencia en tanto a que tiene infinitos atributos, mientras que el mundo conocido por los humanos sólo tiene dos atributos, el Pensamiento y la Extensión, los cual abarcan la cualidad inmanente de Dios. Dios es entonces trascendente e inmanente, lo cual lo acerca de nuevo a una concepción oriental, como la que encontramos en el shivaísmo tántrico de Cachemira, entre otros.

Por otro lado, el argumento de que Spinoza no siente la necesidad de adorar o de rendir culto a su Dios es algo, de nuevo, bastante arbitrario, ya que aunque no habla de ritos o prácticas específicas para acercarse a esa divinidad, en repetidas ocasiones sugiere que el bien y el sentido de la existencia humana es conocer y amar a Dios.

El más alto bien es el conocimiento de Dios, y la más alta virtud de la mente es el conocimiento de Dios.

El amor intelectual de la mente hacia Dios es parte del amor infinito con el que Dios se ama a sí mismo… El amor de Dios a los hombres, y el amor intelectual de la mente a Dios, son idénticos. 

El hombre sabio rara vez sufre conmociones del ánimo, sino que, consciente de sí mismo, de Dios y de las cosas, con arreglo a una necesidad eterna, nunca deja de ser, y siempre posee el verdadero contento del ánimo.

Sobra decir que la “Naturaleza” de Spinoza, rebosante de gnosis, amor y eternidad, es muy diferente a la naturaleza ciega e inerte de la ciencia moderna materialista. La filosofía de Spinoza es más sofisticada que la de los grandes cultos religiosos monoteístas (aunque sólo en su entendimiento exotérico, la cábala judía, por ejemplo, tiene una visión también panenteísta); pero no por ello deja de tener una clara religiosidad. Se trata de una religiosidad cósmica, altamente intelectual, que se nutre de la contemplación del orden y la elegancia de las leyes del universo y de la misma mente humana que es un atributo de la divinidad. Los pensadores de la India fueron sensibles a esta diferencia, mientras que la religiosidad cristiana, por ejemplo, es más lo que llaman un bhakti yoga (unión a través de la devoción), lo de Spinoza se acerca a un jnana yoga (unión con dios y anulación de la individualidad a través de la gnosis). Verdaderamente para Spinoza el ser humano es una forma en la que Dios se percibe a sí mismo. Un concepto que sería reformulado secularmente por Carl Sagan, diciendo que somos la forma en la que el universo se conoce a sí mismo.

De esto se deriva que la mente humana es parte del infinito intelecto de Dios. Así entonces, cuando decimos que la mente humana percibe esto o aquello, no estamos diciendo más que Dios, no en cuanto a que es infinito, sino en cuanto a que es explicado a través de la naturaleza de la mente humana, o en tanto a que constituye la esencia de la mente humana, tiene esta o aquella idea. (Ética, 2.p11.c)

En este sentido Spinoza sí postula un sistema religioso, un sistema de re-unión o reconexión, que es solamente el reconocimiento de que lo que somos, particularmente nuestro intelecto en su percepción adecuada de la realidad, es Dios. Esta gnosis divina es lo que perdura, es la misma eternidad de la mente que es acogida en el seno divino. 

Einstein también reconoció la importancia de este sentimiento de religiosidad cósmica, basado en el conocimiento de lo “Misterioso”.

El misterio es lo más hermoso que nos es dado sentir -el conocimiento de la existencia de algo insondable para nosotros, la manifestación de la más profunda razón aunada a la más resplandeciente belleza. No puedo imaginar un Dios que castiga o recompensa a los objetos de su creación, o que tiene una voluntad del tipo que experimentamos nosotros mismos. Me satisface el misterio de la eternidad de la vida con la conciencia de –y atisbos de- la maravillosa construcción del mundo existente en conjunto con la determinación expedita a comprender una porción, aunque sea pequeña, de la razón que se manifiesta a sí misma en la naturaleza. Esta es la base de una religiosidad cósmica, y me parece a mí que la función más importante del arte y la ciencia es despertar este sentimiento entre los receptivos y mantenerlo vivo. 

Al final, no es necesario el concepto de “Dios”, pero sí el concepto de algo más grande, eterno, misterioso y bello que da sentido y ordena la existencia (algo que evoca el sentimiento estético, ético y espiritual que solemos describir con la palabra “divino”). Algo que es más grande y misterioso, pero que, a la vez, es lo más íntimo e inmediato, en lo cual todo tiene su existencia. Al final los nombres como “Dios” o “Naturaleza” son sólo conceptos, pero la religiosidad es una actividad, un dinamismo, una forma de ser que provee vital significado. El mismo Einstein sugirió que “la ciencia sin religión está coja, y la religión sin ciencia está ciega”. No es necesario elegir entre una o la otra.

Twitter del autor: @alepholo