La música es emoción pura que forma importantes vínculos entre las personas

La música es, como han notado grandes pensadores de todas las épocas, la cumbre de la comunicación emotiva humana, incluso aquello que da significado a nuestras vidas.  Pero, ¿por qué nos cala tan hondo la música?

Adam Ockelford responde a esto en su libro Comparing Notes: How We Make Sense of Music. Ockelford sugiere que la música tiene la cualidad de comunicar significado, “ya que todos sus sonidos constituyentes -notas- producen pequeñas respuestas emocionales, y éstas están unidas en una narrativa coherente a través de  la imitación”. Esto distingue, por ejemplo, a la música de una sonata a una cascada, aunque en ocasiones la cascada pueda presentarnos con una experiencia llena de significado, esto depende de un estado mental previamente condicionado para atribuir a la cascada y a ese momento significado.

“A diferencia de las palabras, las secuencias de notas están libres para comunicar emoción pura, irrestricta de la necesidad de entendimiento semántico. Por lo tanto, la música quiere menos poder de procesamiento que el lenguaje -y la música en su forma más simple -las interacciones vocales entre un bebé y su madre- preceden el desarrollo del lenguaje humano.  Tanto la música como el lenguaje son percibidos de manera natural por el cerebro joven”. Esto es sumamente interesante ya que sugiere que en realidad cualquier persona es capaz de sentir a emoción que comunica cierta música, aunque quizás luego le cueste explicarlo en palabras. La música va más allá de las palabras y directamente conecta emociones. 

Se cree que la música tiene la función de fortalecer el vínculo entre padres e hijos y un sentido de pertenencia a grupos sociales más amplios. Incluso, según Ockelford, se estudia el papel de la música en el desarrollo de empatía, ya que el imitar sonidos  de alguna manera nos hace como las personas que hacen esos sonidos -y los sonidos son, a su vez, emociones puras que crean vínculos.

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