XI. Manifesto Subdeca | Vida íntegra, muerte placentera

Dar el derecho de equivocarse. ¡Qué bonito suena, pero qué poco se cumple en esta sociedad! Pero no vamos a culparla del todo. Es una víctima colectiva que ansía ser más comprensiva y tolerante pero que aprende a través de unos miedos inculcados que absorben las aspiraciones y deseos reales de nuestro ser de querer ser tolerantes y de permitir el aprendizaje. Y las razones son diversas.

Por un lado, la sociedad occidental valora la rapidez,  llegando a considerar “inteligente” a quien es rápido. Igualar rapidez con inteligencia llega a ahogar la creatividad y el buen hacer. 

El miedo al fracaso se genera en vida o como herencia generacional. El psicólogo Robert Stenberg informa que “en el curso de su instrucción […] los niños aprenden a que no está bien cometer errores. Como resultado, tienen miedo a fracasar, a arriesgarse y a tomar decisiones independientes que promuevan ideas creativas” o incluso cuestionar. ¿Os suena? ¿Esta es la sociedad que queremos? Cuestionar forma parte del avance y lo hemos visto tanto en la ciencia como en la filosofía a lo largo de la historia. Prueba, error, acierto, y de nuevo a cuestionar.

Sócrates dice que se logra la integridad moral a través del saber, ya que el ignorante no puede poseerla, siendo incapaz de percibir el bien. Vivimos una era de ignorancia enmascarada, de pseudo aprendizaje basado en la instalada rapidez y la producción cuantitativa y no cualitativa, pseudo-democracia, pseudo-felicidad, PSEUDO TODO creado para la conveniencia de unos pocos. Es la historia que se repite, generación tras generación, la promoción de la incultura, pero hoy en día oculta con esa pseudo “cultura” y “democracia” de las que además nos tenemos que sentir orgullosos y agradecidos. ¿Dónde está esa inteligencia de la que tanto alardeamos como seres humanos si vamos tropezando en las mismas piedras? Nos dan de beber un Agua Bendita…pero enturbiada con sustancias gratificantes cortoplacistas que silencian la consciencia. Y como resultado,  un mundo con Poca Paciencia, Poco Valor, Poco Compromiso, Poca Perseverancia, Poca Visión de Futuro. Se vive lo Pobre, lo Deshonesto, lo Inmoral, lo Corrupto, la Pereza, la Cobardía, el Conformismo, lo Incompleto, las Satisfacciones Rápidas y las Exigencias Innecesarias. En definitiva, Poca Integridad.

Y si tenemos suerte y no hemos perdido nuestro sentido del oído podemos escuchar a nuestra Alma gritando, llorando y pidiendo auxilio porque le estamos hiriendo y llevando nuestra esencia y lo poco que queda de nuestra consciencia a la muerte.

La Subdecadencia respeta la Integridad. ¿Pero qué entendemos por esto? La Integridad es la pureza original y sin contacto o contaminación con un mal o un daño físico o moral. Integridad se traduce como honradez, honestidad, respeto por los demás, respeto por sí mismo , corrección, responsabilidad, control emocional, lealtad, disciplina, congruencia y firmeza en sus acciones.

Porque la poca congruencia crea esta sociedad tan infantil y tan sin sentido que vivimos. Marcel Danesi, profesor de antropología y autor del libro “Forever Young”, describe este síndrome colectivo: la adolescencia se extiende hoy hasta edades muy avanzadas, generando una sociedad inmadura, unos sujetos que exigen cada vez más de la vida pero entienden cada vez menos el mundo que los rodea. La opinión pública actual tiende a considerar la inmadurez deseable, incluso normal para un adulto. Como resultado, cunde una sensación de inutilidad, de profunda distorsión: quienes toman las decisiones cruciales suelen ser individuos con valores adolescentes.

Va desapareciendo la cultura del pensamiento, de la reflexión, del entendimiento y es sustituida por el impulso, la búsqueda de la satisfacción instantánea. Y es que si estamos rodeados de maestros con pocos valores, ¿cómo van a aprender lo contrario sus pupilos?

Pero no olvidemos que en este mundo Todo Es Posible. Para eso es importante estar presente, ser conscientes, reflexionar, cuestionar y tener valor para fallar y asumir, perdonar, perdonarse y aprender, y con nuestra experiencia, aportarnos, aportar a la sociedad sin ir de predicadores porque cada uno tiene su experiencia (no caigamos en el mismo error) y crecer… Vivamos el presente íntegramente pero aprendiendo del pasado y teniendo en cuenta el futuro. Ese es nuestro verdadero legado. No nos llevamos nada pero sí podemos llevarnos la paz por haber aportado un granito de arena para dejar un mundo mejor. Y muchos granos de arena se convierten en un oasis o en una playa paradisíaca, virgen para cada uno labrarse otro paraíso íntegro, auténtico. El paraíso del aprendizaje, del perdón, del amor y de la autorrealización como individuo. Resultado, una muerte placentera, un alma tranquila, sonriente, de energía pura. 

La Subdecadencia lucha por el derecho a poder vivir una vida congruente y respeta que para llegar a ello se puedan cometer fallos siempre y cuando se asuman consecuencias, responsabilidades si fuera necesario, pero que siempre se perdonen emocionalmente y se tomen como parte del camino del aprendizaje individual y colectivo para un estado mejor. Si somos conscientes, todo es para mejor.  

Por Tony Malony (www.tonymalony.com)

 

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