¿Un concepto más amplio e inclusivo nos es útil para entender cómo sentimos y pensamos los humanos?

En chino, la palabra xin significa tanto corazón como mente y en la medicina tradicional china se dice que el corazón es el verdadero emperador o regente de un ser humano. Este entendimiento nos sirve para movernos más allá de la concepción cerebrocéntrica o psicocéntrica que caracteriza a Occidente. Esta noción de que la mente o alma está en el cerebro es algo relativamente nuevo; los griegos se preguntaron por el hegemonikón del organismo y muchos lo situaron en el corazón, no en el cerebro.

Quizás más notable todavía en ese sentido es el entendimiento que muestra el término japonés kokoro. En japonés existe la palabra shinzou para el corazón como órgano físico, ha-tao, que es un anglicismo que connota el corazón-amor y kokoro, concepto que unifica la mente, el espíritu y el corazón. Según Sakiko Yoshikawa, de la Universidad de Kioto: “Cuando decimos ‘ella tiene buen kokoro‘, significa corazón, espíritu, alma y mente juntos”. Un término todoabarcador si los hay. El pensamiento occidental se ha basado en el análisis y el aislamiento de diferentes aspectos para definirlos por sus diferencias. Es un pensamiento granular, discreto, digital. En Oriente existe una forma de pensamiento que tiende más a la integración, a lo analógico. Ambas formas tienen cabida y permiten relacionarnos de manera distinta con la realidad.

“¿Son acaso los conceptos occidentales de mente, corazón, espíritu, voluntad, conciencia, alma… las mejores formas de describir la experiencia humana?”, dice el profesor Paul Swanson de la Universidad Nanzan de Japón; “O ¿un concepto más amplio e inclusivo nos es útil para entender cómo sentimos y pensamos los humanos?”. En este sentido parece que los términos que distinguen diferentes aspectos de los procesos cognitivos, relacionales, soteriológicos y ónticos, añaden riqueza a la diferencia y la particularidad de la experiencia; sin embargo, un término que sea capaz de abarcar estos aspectos, borrar sus fronteras y eliminar diferencias a veces arbitrarias también puede ser útil para formar una perspectiva más integral, lo cual es en sí mismo una forma de percepción.

El hecho de que el pensamiento científico-materialista sea el dominante en Occidente no significa que no haya una importante tradición que podemos llamar del corazón, de una percepción no constreñida a lo meramente racional. Numerosos místicos han exaltado la inteligencia del corazón y la intuición como un modo de conocimiento que permite acceder a realidades más sutiles. Es en este sentido que parece util reflexionar sobre el término kokoro y, tomando de la tradición contemplativa, saborear y dejar que surjan una serie de tonos resonantes a partir del entendimiento de la unidad de mente, cuerpo, espíritu.

Curiosamente, en Japón se está llevando a cabo una reflexión sobre el kokoro como aquello que diferencia a los humanos de las computadoras. Diversas compañías de innovación tecnológica están buscando incorporar personas con altos coeficientes de kokoro (lo cual es una cierta intuición, impredecibilidad, apertura, etc.) e imbuir esto a sus diseños, particularmente en la generación de robots e inteligencia artificial. No estamos seguros de si esto es una buena idea, ya que tiende a mercantilizar el kokoro y cooptarlo dentro de los valores (o falta de valores) que caracterizan al capitalismo.

Con información de Quartz

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