Isabel Muñoz ahondando en temas como el cuerpo, el rito o la diversidad cultural

La barcelonesa Isabel Muñoz ((Barcelona, 1951) ha sido galardonada este jueves con el Premio Nacional de Fotografía 2016, que concede el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte y que está dotado con 30.000 euros.

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Nos basta con mirar cualquiera de sus imágenes de tantas series realizadas para dejarnos llevar a un mundo completo de fuertes sensaciones. Conocida especialmente por series fotográficas en blanco y negro tan memorables como Tango, Flamenco (1989), Danza Cubana, Danza Khmer o Masa, la artista vuelve a algunos de sus temas más característicos en esta última colección, en la que combina dicha bicromía con los colores más vivos y mejor contrastados de esta naturaleza melanesia, como lo hiciera años antes en su serie Etiopía.

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Sus obras maestras son resultado de la compleja técnica de la platinotipia, uno de los procesos de revelado más preciados, resultado del contacto directo del negativo, del mismo tamaño que la fotografía final, sobre el papel, al que la artista aplica una solución de platino; algo que cristaliza en los efectos visuales más fascinantes. Las series fotográficas más codiciadas de esta artista afincada en Madrid han formado parte de algunas de las colecciones de arte internacionales más conocidas, como el Museo Reina Sofía, la Maison Européenne de la Photographie (París), o el Museo de Arte Contemporáneo de Teherán.
Desde que a comienzos de los años 90 comenzara su propio Grand Tour, la trayectoria artística de Isabel Muñoz ha conservado sus rasgos más esenciales: su tema principal, la figura humana, su cuerpo, medio (aunque a veces parezca también el fin) a través del cual, tanto en sus cánones más clásicos como en sus modelos más exóticos, la artista busca la belleza, sentido esencial de una obra en la que la preocupación por la composición, por la sensualidad o por lo lírico, se aparecen como otras de sus características más destacables. La belleza, así, como fin y horizonte último; amable a veces, como en este caso, pero no ajena en otros trabajos a la crudeza de entornos explorados, como en su observación de la prostitución en Camboya, o en su serie Maras (2006), en la que retrató las cárceles de El Salvador.

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La imagen es para Isabel Muñoz lo que la palabra para los poetas más eminentes de la Historia de nuestra cultura, en su incesante búsqueda de la sublimidad. Solo contemplando su obra podemos comprender sin embargo, que no es en la exclusividad de su belleza formal donde reside su mayor valor; antes bien en la armonía en la que lo más externo trasciende su plano más formal, hacia una belleza interior,  y ulterior, de las personas y entornos retratados, con su historia y su alma. Es la armonía que enlaza la “natura”, sin intervención humana alguna, con la “cultura”, donde el arte se nos muestra como uno de sus bienes más preciados.

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Ha recorrido los cinco continentes en busca de la belleza por las etnias y entornos más diversos, y es ahora su obra fotográfica el espejo más perfecto en el que esta se refleja por todo el mundo.

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Isabel Muñoz nos embauca nuevamente en su personal universo creativo a través de su última serie, Danzas y Ritos, fruto de su deseado viaje a Papúa Nueva Guinea, uno de los territorios insulares más vírgenes del Pacífico oriental, que de manera más indemne ha conservado su idiosincrasia, sus costumbres, su indumentaria; danzas y ritos.

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Las fotografías en blanco y negro de Muñoz para esta serie muestran primates en actitudes y poses que asombran por su parecido con los humanos. La artista visitó reservas de chimpancés, gorilas y bonobos en la República Democrática del Congo y de orangutanes en Borneo. Serie ‘Primates’ (2014).

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