WILLIAM EGGLESTON | El terror de lo cotidiano

Hay cierto poder en lo simple, el impacto que puede causar un solo objeto o una escena de la vida cotidiana puede ser comparable incluso con una bomba si es capturado de la forma correcta en una fotografía.

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William Eggleston es un fotógrafo americano nacido en Memphis, Tennessee. Es famoso por el uso de color en su trabajo, la mayoría realizado alrededor de los 70’s. De hecho, comenzó tomando fotos en blanco y negro, pero decidió tomar otro camino cuando descubrió una técnica llamada “dye-transfer”, de la cual se enamoró. Este proceso es de absorción de colorantes; emplea pigmentos, los cuales resultan en una fotografía de alta calidad y saturación de color. Una de sus fotografías más famosas y de sus favoritas es “The Red Ceiling”, la cual usa esta técnica. A menudo, su trabajo es reconocido como una nueva forma de ver el Sur de los Estados Unidos, ya que, hasta la aparición de sus fotografías, se acostumbraba a tomar fotos en blanco y negro de estas zonas del país. Eggleston nos da la libertad de preguntarnos sobre la historia de sus fotografías e interpretarlas abiertamente.

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La forma en la que elige qué colores usar en los puntos exactos crea contrastes preciosos que atrapan al espectador, todo esto con objetos y escenas comunes que normalmente parecerían cotidianas para cualquiera. Eggleston en realidad está en guerra con lo obvio. El fotógrafo americano también estuvo muy involucrado con el pop-art ya que una de sus parejas era una superstar de Andy Warhol. También ha sido invitado para tomar fotos de sets de películas de David Lynch y Gus Van Sant. El sur autobiográfico de Eggleston, lleno de colores vibrantes y su interpretación de muchos objetos de la vida cotidiana americana ha sido recopilado en libros y exhibido en el MoMA y el Met, entre otros. Por Vika Álvarez

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MONUMENTALIZE EVERYDAY SUBJECT MATTER

Native Southerner William Eggleston‘s photographs monumentalize everyday subject matter, such as motel rooms and storefronts, in eccentric, refined compositions. Each detail is important, potentially carrying beauty and mystery. The main catalyst for New American Color Photography, Eggleston is largely credited with legitimizing color photography (especially with the dye transfer process) as a fine art form. Teaching himself from books of prints by Henri Cartier-Bresson and Robert Frank, he began photographing his environment in the 1950s but turned to color, then used largely only commercially, in the late 1960s. Eggleston’s 1976 “Color Photographs” show at the Museum of Modern Art was groundbreaking for its striking, saturated color but also for his observational style, often deemed “democratic.”

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His way of making proved controversial from the start, and what we forget is that Eggleston has had to put up with a lot of pompous and ill-informed ignorance during his long life. If his work had not been so important, that level of criticism might not have mattered so much, but the fact is that his work has been an education for all of us. The way we do photography now would not have been the same without Eggleston. Martin Parr, Nan Goldin and Jeff Wall would not have been granted the permission to be themselves without Eggleston’s example. It was he and not, say, Cartier-Bresson, who as the true revolutionary, which means that he has caused a lot of trouble in his time merely by being, quite unflinchingly, who he has been.

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