Es ridículo pagar para que alguien escuche tus secretos (La feroz crítica del psicoanálisis de George Steiner)

UNO DE LOS POCOS GRANDES SABIOS QUE QUEDAN EN OCCIDENTE, GEORGE STEINER, HABLA SOBRE SU DESPRECIO DEL PSICOANÁLISIS Y LA EDUCACIÓN MODERNA

George Steiner es uno de los grandes intelectuales de la actualidad, crítico, historiador, filósofo, maestro universitario, políglota, un gigante del pensamiento, una reliquia viva (nuestra época no parece ser capaz de producir muchos pensadores de su nivel). En una excelente entrevista con el El País Steiner, a los 88 años, enfermo, lúcido y pesimista, compartió algunas impresiones que merecen destacarse. La primera de ellas sobre el psicoanálisis:

El psicoanálisis es un lujo de la burguesía. Para mí, la dignidad humana consiste en tener secretos y la idea de pagar a alguien para que escuche tus secretos e intimidades me asquea. Es como la confesión pero con cheque por medio. Es el secreto lo que nos hace fuertes, de ahí todos mis trabajos sobre Antígona, que dice: “Puede que me equivoque, pero sigo siendo yo”. De todas formas, el psicoanálisis está en plena crisis. Recuerde usted las magníficas palabras de Karl Kraus, el satirista vienés: “El psicoanálisis es la única cura que ha inventado su enfermedad”.

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Tema polémico sin duda, pero no puede negarse que Steiner tiene un punto: ¿cuántas personas no pagan cientos de dólares por sentarse 50 minutos en un diván para simplemente ser escuchados y si acaso ser partícipes de un efecto de transferencia? Esto es un lujo. Puede que el psicoanálisis llegue a funcionar, pero recordemos que el placebo también funciona; asimismo, existen terapias más interesantes y dinámicas que el psicoanálisis freudiano que es el que Steiner tiene en mente. Quizás las que se derivan de Jung lo sean un poco más; uno de los grandes herederos de la “depth psychology” jungiana, James Hillman, es igualmente crítico del psicoanálisis y autor del irónico libro Llevamos 100 años de psicoterapia y el mundo está cada vez peor. Hillman crítica ahí justamente el exceso de análisis y verbosidad del psicoanálisis y el determinismo paternal-infantil en el destino psicológico de la persona que hace Freud. La frase de Kraus resulta preclara en el mundo actual donde el psicoanálisis es una importante fuente de ingresos y en el que, como ocurre con las farmacéuticas, es muy útil poder diagnosticar abundantes enfermedades para ofrecer una cura cronificadora. En la visión freudiana el ser humano es incrustado de entrada ya en un complejo psicopatológico, el cual debe tratar, mayormente para aceptarlo y no para curarlo, lo que nos pronostica una vida de tratamiento. Dice Steiner sobre Freud: “Freud es uno de los más grandes mitólogos de la historia. Pero es ficción. Era un novelista extraordinario”.

Steiner se preocupa también por la educación en una era en la que, quizás por las redes sociales, ya no existe lo secreto, la posibilidad de equivocarse sin ser estigmatizado y donde también hay ya toda la información para actuar “correctamente”:

Estamos matando los sueños de nuestros niños. Cuando yo era niño existía la posibilidad de cometer grandes errores. El ser humano los cometió: fascismo, nazismo, comunismo… pero si uno no puede cometer errores cuando es joven, nunca llegará a ser un ser humano completo y puro. Los errores y las esperanzas rotas nos ayudan a completar el estado adulto […]

Pero hay algo que me preocupa: los jóvenes ya no tienen tiempo… de tener tiempo. Nunca la aceleración casi mecánica de las rutinas vitales ha sido tan fuerte como hoy. Y hay que tener tiempo para buscar tiempo. Y otra cosa: no hay que tener miedo al silencio. El miedo de los niños al silencio me da miedo. Sólo el silencio nos enseña a encontrar en nosotros lo esencial.

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Steiner parece estarse refiriendo a cómo la tecnología llena el vacío y con su asedio de información también elimina el silencio, los espacios de reflexión, de lentitud… el espacio mismo. No tener acceso al silencio, no cultivar silencio es algo preocupante puesto que es el inicio de muchas formas de enfermedades mentales. También criticó la modernidad que vive para el dinero:

El dinero nunca ha gritado tan alto como ahora. El olor del dinero nos sofoca, y eso no tiene nada que ver con el capitalismo o el marxismo. Cuando yo estudiaba la gente quería ser miembro del Parlamento, funcionario público, profesor… hoy incluso el niño huele el dinero, y el único objetivo ya parece que es ser rico. Y a eso se suma el enorme desdén de los políticos hacia aquellos que no tienen dinero. Para ellos, sólo somos unos pobres idiotas. Y eso Karl Marx lo vio con mucha anticipación. En cambio, ni Freud ni el psicoanálisis, con toda su capacidad de análisis de los caracteres patológicos, supieron comprender nada de todo esto.

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