RETABLO PAGANO. El éxtasis de Santa Toneta

Desde la antigüedad, se conocen diferentes ritos en los que era común realizar ofrendas para venerar a los dioses. Los alimentos y las flores se consideraban elementos sagrados, con los que así, obtener el favor divino. Hoy en día existe algo de ritual en el hecho de sentarse en la mesa para comer. Alimentarse ya no es suficiente. Cubiertas nuestras necesidades, ahora buscamos algo más, queremos que nos sorprendan, e ir más allá.
Hasta hace unos tres años, la expresión “experiencia gastronómica” se salía bastante de mi vocabulario. Fue cuando pude introducirme en el mundo de la hostelería, de la mano de María y Teresa Solivellas, cuando realmente entendí el significado de dicha expresión.
Existe un paralelismo entre la religión y el hecho de serle fiel a una forma de entender la gastronomía. Aquí, en Ca Na Toneta, se cree en el producto y se venera la tradición y el oficio, por encima de todas las cosas. Como en todo credo, se establecen una serie de conductas o formalismos que refuerzan esta filosofía; desde el modo en que se recibe y se sirve a los comensales hasta la incorporación de los alimentos que conforman el menú, siempre al servicio de las estaciones del año. Todo ello, resulta en una suerte de ceremonia, que se celebra cada vez que alguien se sienta en una de las mesas del restaurante, con la intención final del disfrute y la sublimación del gusto, ejecutado de forma sostenible y responsable. Incluso, el hecho de tener que trasladarse al pueblo de Caimari podría verse como acto de peregrinación. Ca Na Toneta como un templo, sus mesas como altares, y ya puestos, Toneta como Santa.

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CA NA TONETA · Foto: Jaume Ayuso

La intención de esta especie de retablo, no es otra que la de intentar recoger en imágenes la filosofía del restaurante. El recorrido y la lectura de esta intervención, empieza por las raíces, (tanto en su valor figurado, como en el sentido más literal), las cuáles me sirven para hablar de la tradición y la conexión con la tierra, sin olvidarnos de la importancia de Catalina Rotger, madre de las hermanas Solivellas, alma mater y germen de Ca Na Toneta.
A partir de dichas raíces, aparecen unas ramas de almendro en flor, gestados ambos dentro de un traje de payesa mallorquina, para luego continuar con unas manos que presentan heridas, atravesadas por ramas, o púas, que aún siendo delicadas, sostienen firmemente el fruto, que será posteriormente recogido y elaborado, como una alegoría del esfuerzo y del oficio. La exuberancia de color de la frutas recién florecidas y sugerentes, intentan transmitir la idea del paso del tiempo o la fugacidad del placer. Y olvidándonos de los dardos de oro y fuego de Santa Teresa, en la casa de Toneta, no hay nada más inmediato, fugaz y placentero que disfrutar de un buen banquete a los pies de la Tramuntana.

www.canatoneta.com  / texto: Ana Cabello / obra: Ana Cabello

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